Y a veces, a veces se me cruza en medio de la vida, ésta otra mujer que también soy, ésta otra mujer que sueña con sábanas almidonadas y frascos de mermeladas caseras, que quiere tener un hijo tuyo y encontrarte en las hileras de su sangre.
Me lleva horas espantarla y explicarle que éste cielo de hoy no da para quimeras, que ate sus plantas a la realidad de la tierra que la sostiene, y me de una mano para ordenar las cosas que se empeñan en dispersarse en los rincones.
Acude entonces a ayudarnos, otra Marcela que también soy yo, vestida con el batón con el que mi madre barre el patio y enfurecida. Milenariamente le dijeron que una debe limpiar protestando, porque es la manera en que una eleva su rebeldía, al grito pelado de –Yo no nací para esto!
Pero no podemos acelerar la marcha y las cosas de la casa toman vida propia.
Los juguetes, estoy segura, vuelven a recostarse en el pasillo cuando ven mi espalda, y la ropa, se empeña en arrojarse de los cajones dónde, podría jurarlo, acabo de guardarla...
Es allí cuando llega la Marcela en la que más me reconozco, toda volada de pájaros picoteando en su falda, enredado el cabello con hortencias, y cantando una tonada de Sabina.
–Dejen, dejen- nos dice ante nuestro asombro de amas de casa bien plantadas.
– Dénse su tiempo, esperen su bioritmo, no se fuercen que la vida se les va a ir acomodando los placards.
...A veces nos convence, y nos vamos de parranda todas juntas, dejando las camas destendidas, llenas de luces parpadeando en la mirada.
Pero hay otras veces en que la increpamos y le destruimos sus inverosímiles teorías, y esgrimimos el plumero como estandarte para obligarla a volar por la ventana.
Sin embargo el daño ya está hecho, y aunque sigamos trajinando entre papeles que nunca encuentran sus archivos, sabemos que jamás podremos acabar con los cuadernos que se apilan en el mueble verde.
Queda entonces llamar a aquella Marcela que sabe de evasiones, y nos presta su cuerpo para transitar el suelo, mientras todas nosotras nos escondemos de la luz, para encontrar un mantra, un payé, una fórmula mágica que nos acomode la vida.
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