Oh sagrada miseria,
madre homicida!.
Almas que se retuercen,
condenado amor, que grita.
Coronados con cianuro
tus quince años, encinta.
El formol custodia el útero
que es morada eterna
del que aún lo habita.
Oh locura sublime
que arrojó al vacío
a quien recién nacía!.
No tejió corales
con hilos de luna,
no acunó en sus brazos
al que dio la vida.
Oh queridos pecadores,
muertes eternas,
miserables vidas!
Benditos sean,
los amo a todos.
Sangren mis sienes
con sus espinas! |