Mujer en venta: $50.00; para que todos tengan al alcance de sus alcances, lo que alcance.
Lo que alcances a vender, lo que alcances a comprar. Aquí se puede vender desde: alimento, tiempo, sentimientos, sexo, hasta un futuro…Podemos comprar todo, todo tiene un precio, para los que puedan pagar, para los que puedan vender para pagar lo que compran. Todo es negocio, un negocio donde acabas con tus manos en tus manos.
Quien vende y quien compra se rige por la necesidad. La necesidad de vender o comprar (esto esta bien visto), pero también existe la necesidad de vender lo que no se necesita comprar, o comprar la necesidad de comprar lo que se vende (es aquí donde el negocio resulta enfermizo).
Por ahora hablemos del contexto, del producto, es decir: alimento, tiempo, sentimientos, sexo, un futuro…
Alimento; se refiere a aquello que nos nutre - cuerpo mente y alma-(está última la mas negociable).
El alimento para el cuerpo no es solo comida, sino cualquier cosa que el cuerpo necesite, aquello que este pida. En este caso, lo que se compra- y vende-, resulta una necesidad para el cuerpo, pero el producto –alimento-, puede destruir el cuerpo. Al fin y al cabo una necesidad (todo lo que nos nutre, también nos destruye).
Entre las necesidades más degenerativas del cuerpo, encontramos esa siempre vigente necesidad de cualquiera que se llame droga – sin contar el sexo, esa es harina de otro costal-.
Degenera en consumismo desbordado y en una venta acelerada – acelerasé el corazón, el tráfico, el negocio, la compra, la venta-.
El alimento para la mente es el menos consumido (por lo tanto menos vendido). Entre los productos considerados alimentos para la mente encontramos: libros, música, cine incluso, etc. Esto se entiende por un alimento-de la mente-, aquello que la nutra, que la misma mente requiera (un poco de uso también ayuda).
El mismo factor de destrucción se observa en esta clase de alimentos; teniendo por ejemplo claro de libros que degeneran-entorpecen, atrofian, estupidizan- la mente, cualquier libro de la colección de Carlos Cuahutemoc Sánchez, que escribe uno y otro volumen por su propia causa: el asesinato masivo de neuronas ( algunas incluso deciden suicidarse). Otro ejemplo claro es la música de moda (Pop-popular), que convierte al sujeto “X” (también conocido como “borrego”), en una masa que responde a ritmos y letras vacías, al compás de otro grupo de “borregos”(imaginen la escena). El cine ha estado corrompiendo nuestra mente desde hace mucho tiempo, solo basta con mencionar alguna de las tantas películas de Rambo o cualquier película americana -tonta película americana-, sobre adolescentes. En un resumen, tenemos que el producto que degenera nuestra mente-cuerpo y alma-, es consumido en grandes escalas, convirtiendo al sujeto “X” en un consumista, teniendo como consecuencias: juventud en éxtasis 2, mesa que más aplauda y Freddy vs. Jasón.
Pero vamos, no todo está perdido- no todo-. En un momento mencioné que no era de gran consumo el alimento mental, pero con esto me refería al alimento que nutre; buenos libros (sin contar lectura de superación personal y auto ayuda – esos no son libros-, que quede claro que recibieron el nombre de libros por algún negocio), buena música, cine de arte. Pero el porcentaje de consumidores de estos “sanos productos” es escandalosamente bajo. Lo mejor es no alarmarse.
El negocio de nuestra destrucción puede encontrarse en cualquier esquina, mientras que reto a algún pueblerino a encontrar en su pueblo alguna librería o a encontrar en la radio opciones de música, pero sin en cambio siempre habrá un tienda con Coca-cola (aquí no estoy culpando directamente a la coca-cola, es solo por citar un ejemplo de lo que carecemos).
El negocio más prolífico es el del alimento para el alma; teniendo como el mayor de los ejemplos: la religión (el alimento para el alma de los “borregos”); Un producto negociable, teniendo en cuanta que incluso es el mayor de los negocios – incluso sobre pasa al negocio del sexo (aunque mucho tiene que ver)-. Y el negocio es así: se vende Fé y se venden milagros por una módica suma (algo así como el 10%).
Es así; ellos venden esperanzas y el cielo, nosotros pagamos y después ellos compran autos.
Hemos visto ya al consumidor y el producto, pero demasiado importante aparece el vendedor. El vendedor que nos surte de toda la basura que compramos, solo por que una vez compramos la necesidad de comprar lo que se vende- mercadotecnia-, siendo este el que nos proporciona eso de lo que al fin y al cabo hemos hecho una necesidad. Pero no lo culpemos, pues el solo vende para tener a su alcance lo que quiere comprar.
Aquí me parece a ver recorrido la extensión de alimento. Entonces pasaremos al siguiente producto.
Tiempo: ¡Ah cuanto tiempo nos hace falta! Lo que podemos hacer con el tiempo es de gran variedad y utilidad, siempre y cuando este al alcance de nuestras manos-de nuestros bolsillos.
Podemos agilizar el tiempo, comprar más tiempo, detenerlo incluso (esto es realmente caro). Hasta aquí todo suena bonito. El problema fundamental de este negocio es la adicción que esta causa (incluso me atrevo a decir que mayor que cualquier droga), así como la dependencia que el tiempo nos da, o debería decir: la dependencia que nos da poder negociar el tiempo.
Siempre habrá vendedores, pero a veces no se tendrán al alcance de los alcances. Y siempre habrá compradores, pero talvez no les alcance sus alcances o no alcance.
Ahora el siguiente producto.
Sentimientos: aunque se diga que no se puede comprar los sentimientos, este no dejara de ser un negocio-compra y venta-.
El mercado del amor- no circo-, esta lleno de fraudes y trampas, como cualquier barrio bajo. Los negocios son fraudulentos y los productos deplorables.
Es vendido en todas partes, amor adulterado. Sentimientos que no son amor, y poco se le parecen (talvez por que tengan las mismas letras). Millones de compradores reciben sus productos rebajados con otros sentimientos no solicitados, mientras que ellos han rascado sus carteras y corazones para poder comprar el producto – que de todos, es el más perjudicial-. Lo fraudes efectuados, tan solo benefician al vendedor quien recibe el pago por un producto que tan solo le ha costado minutos falsificar. Los daños colaterales son lentos y el pobre incauto-comprador- no los nota, hasta que ya es demasiado tarde. Hasta que se halla frente a frente con la trampa y partículas de su corazón demacrado por el producto invasor. Ahora bien, a simple vista el que tiene la culpa de tantos compradores caídos, es el vendedor, pero no es así- no completamente-. En sí, ningún negocio puede existir si no hay alguna de las dos partes- comprador, vendedor-, entonces es donde digo que el comprador desesperado ha hecho prosperar este negocio (que ahora es enorme y hasta existen paquetes que incluyen sexo). Pero para que culpar a alguien, pues el vendedor solo le da un envase con el producto que buscan. Algunos compradores incluso se hacen inmunes al cáncer del corazón (amor), aunque en algunos casos este veneno les resulta una medicina elemental (algo así como la insulina). Es por eso, que este negocio seguirá vigente para enriquecer a sus vendedores y matar a algunos incautos y hasta dar esperanzas a otros.
Y si, como se había estado esperando, el sexo es nuestro siguiente producto a tratar.
Sexo: Cualquiera que haya visto la televisión últimamente sabrá que el sexo vende, pero también el sexo se vende. Y no es sólo por que es de las mayores necesidades humanas – descartando alimentación-, si no por que es la sumamente negociable. Desde el principio de los tiempos este ha sido un negocio que da placer a algunos y efectivo a otros. Un cambio justo. No hay nada como los placeres, pero no todos los tenemos a nuestro alcance, pero para esos desafortunados, ahí esta la prostitución -por así llamar al negocio de compra y venta de sexo-.
El negocio es tan antiguo como la existencia misma del hombre y el sexo. Alguien vio negocio ahí y ahora no se puede parar el crecimiento que abarca desde cualquier esquina de la calle, hasta llegando a invadir nuestras líneas telefónicas y el Internet. La gran telaraña virtual donde puedes comprar sexo o subscribirte a una dotación –talvez, mensual-, con tan solo proporcionar tú numero de tarjeta de crédito. La magia esta hecha; El comprador recibe sexo, el vendedor recibe su debito pago (más IVA).
Pero existe una variedad de sexo, cuyo pago es el más ostentoso. Tan difícil de obtener es, que pocos pueden pagarlo, y es entonces donde se prefiere pagar de mejor manera en efectivo. Este es el sexo que espera como cambio; amor, compromiso, equidad, respeto, etc. Esta compra-venta, ha ido escaseando, no solo por la falta de lo que se pide a cambio, en nuestra nueva existencia globalizada, rápida, moderna. Sino, por que aunque se tenga y se pueda pagar esa exorbitante suma, creemos que para tal caso no vale la pena.
Seguirá habiendo quien ofrezca su sexo a cambio de dinero o bien amor, de igual manera habrá quien lo compre. Después de todo es una necesidad.
Afortunado aquel que no necesita pagar por ese producto de canasta básica.
El último producto en la lista es:
Futuro; podemos hacernos de un futuro. No solo por que podemos pagar por tener futuro o permanecer con vida, que es lo mismo; sino, por que podemos asegurarnos un futuro, el futuro que deseamos. Este generalmente era obtenido con trabajo duro, perseverancia, esfuerzo, estudio (pero esto es tan poco común como practicar la democracia). Ahora podemos brincarnos esa etapa tan molesta de la forma convencional de lograr un futuro con un poco de dinero. Podemos tener en nuestras manos el fruto de nuestros ahorros, podemos tener un papel que no asegure el futuro (si esfuerzo). Así como también, podemos ir escalando hacia un mejor futuro siempre y cuando se tenga algo que negociar, a veces no solo es dinero; a veces es sexo, tiempo, sentimientos. Lo que se cambia por subir cada peldaño hacia el futuro.
No es necesario decir aquella frase que algunos niegan: “todo tiene su precio”, para a estas alturas darnos cuenta de esa incuestionable realidad. Es un hecho: podemos vender nuestra basura, habrá alguien que la compre.
Y esto mueve al mundo, tan honesto o deshonesto como a vos le parecéis. Al final de cuentas todos hemos negociado algo en nuestras vidas. Que no se altere la multitud por esta acusación. Y ahora, a seguir negociando, que sino, no vivimos. No podemos evitarlo.
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