Recién acababa de llover, pero todo ya estaba en calma, la temperatura descendió y todo lucia con nueva vida. En aquellos momentos era agradable respirar el aire sin viciar. Saberse despierto. En las calles solo se encontraban las mismas caras de siempre, las que estaban ahí “llueva o truene”; la calle tenia la vida que le daba los bares de 24 horas, el sexo ambulante, y la gente que tenia su hogar ahí mismo, en todas partes.
Un rostro nuevo se aproximo por las callezuelas que gritaban precaución. Jamás antes se había visto una persona con tal alegría al pisar charcos, manchar su ropa, mecer su sombrilla y cantar a la vez. Su felicidad resultaba enfermiza, irreal, insoportable. La gente que ahí estaba, desearía estar muerta y si no han cortado sus venas o asfixiado con una cuerda, es por falta de valor, no de deseo. Era incomprensible su baile, aunque muchos se hubieran regalado un segundo más, tan solo por respirar. ¡Qué tiene de bueno esta vida. Hace frío, El hambre aprisiona la razón. Un día cualquiera. como todos. Ojala terminara. Ojala se tuviera el valor. Si tan solo se tuviera a la mano un poco de veneno; arsénico, veneno para ratas, amoniaco, algo! Era desesperante ver a ese sujeto tan feliz, teniendo la felicidad que todos ahí sabían que ya no existía, de no ser en la mezcla de pastillas o alcohol. Ojala se tuviera el valor, ojala…
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