La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Deus_Moriens / Sombra.

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:72323]

Alex ya estaba comenzando a disgustarse por la larga espera. La mesa estaba servida con abundante comida que ya se encontraba por completo fría, mas sin en cambio ella permanecía es silencio observando las manecillas del reloj de pared, que ya marcaban más de las dos de la mañana. Después de un rato de inmutable silencio, se percibió el sonido de una llave entrando por la cerradura. Ella en rápido movimiento tomo el espejo sobre la mesita de centro y contempló su rostro para cerciorarse que el maquillaje que ocupó para cubrir los golpes aún los disimulara.
Alex se levantó casi de inmediato y se quedo ahí esperando que la puerta se abriera por completo, dejando ver al invitado a cenar.

El hombre que entró por la puerta se dirigió a Alex, le dio un beso en la boca y casi al mismo tiempo paso su mano por su vientre en gestación. De inmediato se aproximo a una de las puertas del departamento y la abrió dejando ver una habitación que de pronto se ilumino. El hombre llego al baño y se dispuso a ducharse. Ella contemplo la mesa y suspiró. Alex fue hacia la misma habitación y se desvistió, coloco una bata y sentada frente al espejo del tocador se desmaquilló mientras oía el claro sonido del agua cayendo sobre un cuerpo y escurriendo hasta el piso en un lugar cerrado.
Cuando el sujeto salió, Alex se encontraba recostada en el lado izquierdo de la cama junto a una mesa que sostenía una lámpara y un par de libros. El hombre se introdujo en la cama y le mencionó a Alex en voz muy baja:
A lo que ella respondió: Alex pensaba: “Talvez ella lo haga cambiar, talvez ella, talvez nuestra hija…” Con ese pensamiento comenzó a quedarse dormida; “Talvez, talvez ella, nuestra hija, cambiar, ella, talvez, cambiar, hija, nuestra, hija, ella…”
º º º º º º º º º

Aquella mañana de domingo, Lázaro se encontraba haciendo su habitual conteo y mantenimiento de tesoros personales. Sobre la mesa, colocaba una piedra tras otras, las cuales pulía minuciosamente mientras decidía como acomodarlas: por tamaño, edad o según el lugar donde las había encontrado.
Mientras tanto, Alex, muy cerca de ahí, doblaba y planchaba un montón de ropa en su mayoría blanca, por ratos levantaba la cabeza para ver a Lázaro ya que su actividad le parecía cómica aunque de cierta manera interesante. Lázaro permanecía ahí, sentado durante horas moviendo los labios, como diciendo algo en voz muy baja.
Era temprano en la mañana y se oyeron unos golpes en la puerta, ambos se miraron y con la cara y los hombros hicieron un gesto, ya que ambos ignoraban quién podría tocar a la puerta.

Lázaro se levanto y camino a la puerta principal, sin mirar por el ojillo abrió la puerta distraídamente, ya que un estruendo ocasionado por una de las piedras que había caído al piso, lo hizo mirar al interior del departamento sin permitirse observar a quién había tocado.

Lázaro se desplomó en el piso del lugar. Alex corrió hasta ahí, se arrodilló junto a el con los ojos cubiertos en lágrimas, colocó la cabeza de Lázaro en sus piernas, desabotonó su camisa blanca que ahora estaba teñida de sangre; al ver su pecho supo que le habían disparado justo en el corazón. Sacó un celular de su bolsillo. El aún estaba vivo. Llamó a la policía sin poder decir más que balbuceos sobre lo que había ocurrido. En su desesperación aventó el celular a un lado y comenzó a hablarle a Lázaro pidiéndole que se mantuviera despierto:

Esto fue lo último que dijo antes de fallecer en brazos de Alex que le lloraba desconsoladamente.
º º º º º º º º º º

Alex yacía sumergida en sollozos implacables, sentada en el sillón mirando de frente las piedras sobre aquella mesa, estaba ahí, torturándose más, como si no bastara el hecho de haber perdido a su hija, Sofía. Junto a ella estaba sentado el hermano de Lázaro, Adán, que se frotaba los ojos enérgicamente. La mirada de Alex desvariaba entre la observación furtiva de la entrada principal, tan sólo para recordar la sensación del cuerpo frío de Lázaro en sus brazos. Ambos no se miraban siquiera, ni decían nada, pero la compañía silenciosa que le hacía uno al otro era justo lo que necesitaban. Así pasaron horas difíciles de precisar.
º º º º º º º º º º

Sentada en el pasto donde la tierra era lodo por las lluvias de aquel mes, se encontraba una niña jugando con un poco de lodo y limpiando sus manos en el vestido blanco que llevaba, el cual tenia restos de césped, lodo y un poco de comida.
Su juego consistía en arrancar el pasto a su alrededor y hacer un fuerte con pequeñas piedras, siempre tratando de no manchar su rostro, ocupando de vez en cuando su vestido como servilleta.
Alex la miraba sin poder decirle un solo regaño ya que en aquella carita había tanta felicidad que ella podría sentirse un ogro si le arruinara su juego infantil.

No contesto a eso, Sofía seguía jugando en medio del patio, ignorando incluso el columpio que se mecía solo y la resbaladilla colocada especialmente para ella. Pasaron así algunos minutos hasta que con un gesto brusco reacciono como cuando uno es despertado de un susto. Sofía se levanto, sacudió sus manos y camino hacia la casa.
Al ingresar al la casa, Sofía tarareaba una canción y después comenzó a cantar:
Lo repetía una y otra vez, ya que pareciese que esa era la única parte de la canción que conocía. Nuevamente sus cantos daban lugar a tarareos y luego volvía a cantar, disfrutaba mucho cantar aquello. Sonreía y se balanceaba de un lado al otro como arrastrada por el viento.
Aquello tuvo que repetirlo varias veces ya que Sofía no le prestaba atención a su madre, estaba sumergida en su danza alrededor de la cocina.
Con esto, Sofía se apresuro a asearse y cambiarse de ropa. Nuevamente se había puesto uno más de sus vestidos blancos, estos parecían gustarle mucho.
Dijo Sofía en tono musical.
Adán, se dispuso a cargarla en lo alto y dar unas vueltas alrededor, pero Sofía lo esquivo y salio corriendo de ahí.
º º º º º º º º º º

> Adán lucia molesto. Esta discusión había sido retomada una y otra vez.
Alex salio corriendo del lugar, no soportaba los comentarios de Adán.
Sofía vio todo aquello. Vio a su madre salir corriendo y a su papa sentarse de golpe en el sillón, al momento de emitir un alarido. Adán, se agarraba la cabeza y frotaba sus sientes para procurar calmarse.
Dijo Sofía con tono áspero, causando la sorpresa de Adán. Se dio la vuelta y se alejo entre risillas.
No presento mucho interés en los comentarios de Sofía. Siempre creyó que la niña estaba algo loca.” Nada más hay que ver las cosas que hace y que dice”, eso era lo que decía cuando la veía jugar en el patio, sola.
º º º º º º º º º º

Alex se levanto violentamente de la cama con bruscos espasmos y la respiración agitada. Comenzó a decir casi gritando: Todo aquello lo dijo con la emoción de su descubrimiento, pero nadie había quien pudiera oírla.
Pensó en eso casi toda la madrugada, hasta que no supo que pensar, su mente estaba saturada.
Poco más de 5 años habían pasado de la última vez que oyó entonar esa canción. La recordaba muy poco, pero esa noche los recuerdos llegaron a ella y no pudo sentirse más que asustada. Trato de explicar aquello, pero no pudo mas que asegurarse donde había oído la canción. No lograba entender por que la pequeña la cantaba. Esa era una canción que Lázaro comenzó a interpretar un día tras romper un vidrio de la ventana cuando intentaba limpiar estas. Solía cantarla para hacer reír a Alex, recordándole el suceso.
º º º º º º º º º º

Adán solía viajar mucho, se asuntaba por largo rato y cuando regresaba a casa lo único que quería hacer era dormir. Alex pasaba la mayor parte del tiempo en casa cuidando a Sofía, auque siempre trataba de darle su espacio. El carácter de la pequeña, era por más conocida en la casa y los alrededores. Todos murmuraban.
Cantó, mientras se dirigía a la habitación de sus padres. Abrió la puerta entrecerrada y se introdujo en la habitación, dejando de nuevo la puerta en su anterior posición.
Sobre la cama, durmiendo, estaba Adán. Una pierna le colgaba en el aire y roncando estruendosamente, dormía boca arriba.
Sofía se acerco a su lecho, y procurando no interrumpir su sueño, se paró a un costado de la enorme cama y ahí permaneció parada, sonriendo.
Poco a poco sus pequeñas manos sostenían en lo alto un pica hielo visiblemente deteriorado, pero afilado como la mirada de Sofía. Con ambas manos, en el conducto de su venganza, impulsado con toda la ira y dirigida con precisión quirúrgica, el metal atravesó ambos ventrículos de su padre. La reacción nerviosa corrió por el cuerpo de Adán hasta arrancarlo de su sueño, teniendo como bienvenida a la realidad el bombardeo de la imagen de su hija mutando, de una tierna niña a una criatura infrahumana, y escucho en ese momento como de aquellos labios infantiles se escapaba la sentencia.

Las ideas de Adán trascurrían frente a sus ojos en tamaños y formas indescriptibles, pero ni con toda su imaginación, combinado con sus sueños mas bizarros pudieron albergar aquella realidad que lo dejo pensando que la causalidad es la madre de su realidad. Era demasiada la tortura auto infringida, pero fue perdiendo cada sentido, del cual se despidió por ultimo la vista. En sus ojos ya vidriosos, se reflejaba la silueta de una pequeña sombra que atravesaba el umbral.






Texto agregado el 05-12-2004, y leído por 28 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]