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Inicio / Cuenteros Locales / obladiah / La larga noche de estudio I

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Uno, dos, tres, catorce temas le quedaban por estudiar. Si conseguía estudiar a un ritmo de tema cada diez minutos, con dos descansos para hacer café, le daría tiempo de terminar a las once y media y luego repasar si se levantaba a las cinco de la mañana. Carla seguía relatando la confusa historia de varias infidelidades cuyo sentido parecía residir en la curiosa interconexión que había entre ellas y unas botas que para alguien habían resultado una compra de lo más inadecuada. Coco, bajo la mirada asertiva de Carla, pestañeó consternado. ¿Por qué las historias de Carla estaban dotadas de aquella densidad magnética? ¿Por qué era imposible resistirse al impacto de cada frase, cada silencio, cuando sus ojos infantiles se te clavaban exigiendo una respuesta a la altura, sin duda imposible pues la idea que te ibas haciendo de la historia se desmoronaba justo en el momento en el que Carla alcanzaba una conclusión y dejaba de hablar? Y tú asentías profundamente afectado por un axioma que parecía esconderse acechando a tus espaldas como una sombra. Coco observaba sus gestos, tan llenos de énfasis y tan carentes de sentido. Encontrando enormes dificultades para mantener la atención, se descubrió siguiendo el balanceo de los redondeados pechos de Carla sobre la mesa y preguntándose si, en el caso de ser mujer, al sentarse permitiría que sus pechos descansaran apoyados sobre la mesa o preferiría mantener una incómoda distancia con tal de evitar este sopesamiento. Lilí, al otro extremo del diámetro de la mesa, no se planteaba ese problema, pues sus pechos eran minúsculos y sus pezones padecían un ligero estrabismo. El ceño de Lilí estaba fruncido formando un extraño carácter chino. Se jugaba la carrera en este examen, al que se había presentado todas las veces que había sido convocado con la mala suerte de que las dos primeras veces le habían fotocopiado los apuntes que no tocaban. Siempre que podía, Carla le daba los apuntes equivocados. Aquello estuvo a punto de acabar con su amistad. Pero cada vez que Lilí se ofuscaba Carla le recordaba aquel día que fueron juntas a la playa y Lilí estuvo a punto de ahogarse porque una corriente marina la arrastró mar adentro. Carla estuvo todo el tiempo haciéndole señales con una toalla para que no perdiera la esperanza. Esas cosas creaban un vínculo difícil de olvidar. Coco siempre asentía conmovido ante estos valores éticos con los que no creía comulgar, por mucho que los ojos de Carla, justo en aquel momento, le estuvieran haciendo dudar. Las otras cinco veces que se había presentado al examen habían fracasado por las siguientes razones: 1. Un despertador embrujado. 2. Unas pastillas para estudiar en un frasco de somníferos que inesperadamente resultaron ser somníferos. 3. Un examen extraviado por el subnormal del profesor. 4. Una idea genial para un relato que le asaltó a mitad del examen, y aquella vez sí que se lo sabía de puta madre. 5. Esta dejaré que os la cuente Lilí.
“Un hombre de ojos abiertos” susuró Coco, que había dejado su asiento y recorrido con sigilo el semicírculo que le alejaba de la desplegada nuca de Lilí, en la que imagió una rápida caricia. Tras detectar un punto de hostilidad en la mirada que le dirigió Lilí, Coco le explicó que aquello era la traducción del ideograma que unos segundos antes se había dibujado entre sus cejas. En tu frente había aparecido escrito el principio de un haiku de Basho, ¿no es alucinante?
–No me creo una palabra de lo que me dices –dijo Lilí y luego añadió, en un lamento cargado de nervios–. No consigo comprender lo del flower power.
–Pero si es una tontería –se dispuso Coco pacientemente a explicar–. El flower esquemata o esquema en flor es un resumen gráfico de los elementos a tener en cuenta a la hora de diseñar una lección de idiomas. Aquí, en un pétalo, se encuentran las estrategias de aprendizaje, en el pétalo siguiente tenemos los conocimientos previos, en otro pétalo se encuentra el profesor, y en éste hay un pequeño esquema de los elementos del acto comunicativo. Los otros dos pétalos, uno es amarillo, como ves, y el otro, pues, está cuadriculado ¿no? La disposición de las raíces, ejem, Flash, oye, ¿qué representan las raíces del flower power?
–¿Las raíces? Nada ¿no?
–Sí, representaban algo. Pero, bueno, no creo que lo pregunte.
–¿Pero por qué tiene este esquema forma de flor? –dijo indignada Lilí, se le había acabado la paciencia.
–Eso es lo que yo no entiendo –dijo Coco consternado– ¿Qué ganamos poniéndolo en un esquema en forma de flor? Flash, ¿tú qué crees?
–No ganamos nada. Es una estupidez total y absoluta. Pero es que toda la metodología es insoportable. No se cómo la aguantáis.
Aquel comentario, como solía suceder con cualquier cosa que dijera Flash, adquirió la solidez irrebatible de una máxima. El cigarrillo de Flash creaba espectaculares nubes blancas sobre su cabeza. No se tenía noticia de que jamás hubiera puesto el pie en un aula y, sin embargo, la gente le preguntaba todas las dudas que tenían antes de los exámenes. Daba igual que acabara de volver a Castellón después de cuatro meses en Alemania y desconociera el significado del nombre de algunas asignaturas, Flash no había dejado de ser un punto de referencia. Coco no entendía por qué cojones se había pasado por su casa aquella tarde. Aquello era un absoluto desastre. Catorce, ¿o eran quince los temas que aún no se había mirado? ¿Se había estudiado ya el primer tema? Haber invitado a Carla era la forma perfecta para mandar una noche de estudio a la mierda. Moviendo las manos abiertas y extendiendo unos finos dedos que a Flash le hicieron pensar en las finas rosquilletas que solía comer cuando era pequeño, un tiempo seco y quebradizo en el que su falta de criterio dejara que se le impusiera la idiosincrasia familiar de misas de domingo y pantalones de lona verde, Lili decía exasperada:
–Qué mal, qué mal. Nunca aprobaré este examen. No puedo concentrarme, esto es una mierda.
Coco, presenciando la desamparada situación de Lilí, sintió un amargo nudo en la garganta. Giró la cara y se encontró con la de Flash, en la que había ido a posarse una sombra de preocupación, pero no así en la de Carla, que seguía hablando con absoluta indiferencia al hecho de que mañana, cuando Lilí suspendiera el examen habría puesto fin a aquellos diez años dedicados en vano a la obtención del título de Filología Inglesa, aquella idea que había cruzado su cabeza cuando era niña y a la que se había aferrado como un trozo de velcro a una zapatilla Kelme. Le tocaría volver a aquel pueblo hundido en el valle donde no llegaban ni siquiera las señales de televisión. Tendría que tragarse el orgullo y volver a ordeñar vacas, a pesar de su alergia. Lilí no había nacido para proseguir el negocio familiar, aunque, a decir verdad, tampoco había nacido para ser filóloga, por muy bien que se le diera el alemán. Lilí sólo valía para protagonizar películas desconcertantes.
–¿Y vosotros qué creéis? –inquirió Carla tras haberse referido a un personaje totalmente nuevo dentro de su alambicada narración.
¿Por qué desde que había llegado a su casa Carla no había parado de hablar ni un segundo? ¿Acaso ella no tenía el mismo examen que Cocó? Entonces lo entendió de golpe, era mucho más sencillo de lo que había supuesto. Simplemente, Carla no tenía ganas de estudiar. Sabía que si no estudiaba suspendería y no quería ser la única. El torrente de palabras que provenía de aquel rostro infantil tenía como único objetivo el evitar que los demás estudiaran. Así la acompañarían en el naufragio y juntos inventarían nuevos insultos contra el profesor, ninguno de ellos inmerecido, pero ya ves. ¿Acaso no era demasiado tarde ya para ponerse a estudiar? Sí, pero milagros habían sucedido antes, le hubiera dicho Coco. Sí, pero los milagros son muy cansados. Y total, ¿para qué? ¿Para qué estudiamos? Esa pregunta, a fuerza de utilizarla, se había convertido en algo tan inseparable de Flash como su mechero recargable. ¿Por qué estudiar cosas que nos traen sin cuidado cuando hay campos de hierba en los que podríamos correr? Y esa idea tenía tanto sentido que Coco sintió vergüenza de sí mismo mientras se oía diciéndole a Carla:
–Por favor, tenemos un examen mañana y estamos perdiendo el tiempo de mala manera. Carla, si no te importa…
La frase fue interrumpida por los sollozos de Lilí.
–Lilí, no seas tonta –le gritó Flash.
–Es que voy a suspender el examen y…
Por un instante Coco temió que Lilí terminara la frase, que les recordara las consecuencias del suspenso, pero Lilí no lo hizo. Y Coco se preguntó si realmente aquella chica era consciente de la importancia del examen, a lo mejor ya se había olvidado.
–Es que voy a suspender el examen...
La voz de Lilí era un hilillo patético, se había puesto muy fea con la boca arrugada, mientras sacudía las manos en el aire.
–¡Pues no sería la primera vez! –espetó Flash de forma atronadora.
–¿Qué? –preguntó Lilí.
Carla ahogó una risita.
–Nena, ni que fuera la primera vez que suspendes este examen –siguió Flash.
–No, ya –admitió Lilí y se echó a reír como si alguien hubiera tirado un montón de canicas al suelo.
–Y tampoco sería la peor. ¿Te acuerdas de la quinta vez que te presentaste?
–Ah –recordó Lilí con agrado–, pero esa fue muy guapa.
–¿Cómo fue? –preguntó Coco, que se acordaba perfectamente.
–Lo que pasó fue que… –iba a resumir Flash con su grisácea voz.
–Deja, que yo se lo cuento –le detuvo Lilí con una sonrisa traviesa y, antes de seguir hablando, se sorbió un moco.

Texto agregado el 06-12-2004, y leído por 140 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2004-12-16 10:08:36 ¿Por qué será que todo me resulta tan reconocible? A mí todo esto me suena, no sé. LeoMendoza
 
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