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Inicio / Cuenteros Locales / Deus_Moriens / Monstruos/Esperanzas.

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Había una vez, en un bosque lejano que llamaremos “realidad”, se erguía una pequeña casita, aún mas falsa que las casas hechas de caramelo. A su alrededor se levantaba frondoso pasto que la cubría hasta las ventanas, un pasto que descuadraba con la delicada arquitectura de la rustica casita. Las ventanas estaban selladas por dentro, lucia enormemente descuidada esa casita a mitad del bosque. Talvez estaba abandonada.
Se oían rumores, de las criaturas que habitaban “realidad”, tenebrosas criaturas. ¡Monstruos!.
La puerta tenia colgada una leyenda un trozo de manera ya humedecido y viejo; “Usted no es bienvenido”. Si uno lograra escabullirse como arena por el orificio de la puerta, uno lograría llegar a otro mundo. Parado justo en el tapete de la puerta, verías la increíblemente brillante casa, completamente de color rosado; cortinas rosadas, muebles rosados, o su variación: algún gravado rosado con flores- el cual era justamente el tapete sobre el cual estarías parado-.Al fondo, una cama muy bien arreglada, y un aroma a flores que parecía desprenderse del papel tapiz floreado de la pared. Sobre el sillón, una niña, con las piernas escondidas entre el largo vestido, tomando un té. No lo tomaba, más bien lo veía; una mirada perdida en el liquido castaño que herví en una taza decorada -con flores rosadas, también-.Podría leerse un cierto miedo en su mirada, la mirada que se iba de algo. Dejando atrás la niña en aquel vestido rosa, se podría observar una cantidad asombrosa de cuadros delicadamente enmarcados pendiendo de la pared. Unos solo eran flores, un retrato de flores en la pared de un tapiz floreado. Algunos otros eran realmente curiosos. Te percatarías de una luna de queso, una pepita de oro de tontos, y muchos que daban la impresión de ser espejos sin serlo.
La pequeña niña colocaría un pie en el piso chillón de madera, un pie, ligeramente solo el metatarso. Lo colocaría de nuevo bajo su vestido enrollándolo en su otra pierna. Después, al fin, en una sigilosa aproximación, que era todo menos sigilosa, lo chillón del piso terminaría hasta pararse en la ventana, inmovilizarse en la ventana. Con miedo, después de pensarlo mucho, después de besar unas cuantas veces el rosario sobre su cuello, quitaría el seguro de la ventana, el seguro polvoriento, el seguro que la resguardaba del bosque. La polvorienta salvación.
Afuera, con viento tranquilo de primavera, la pequeña niña vislumbraría algo realmente horroroso que la haría avanzar bruscamente para atrás y tropezar casi llorando ¿Algún horrible monstruo allá afuera, casi tan horripilante como el monstruo debajo de la cama?
Ese monstruo que todos hemos temido, tan espantoso que nunca hizo falta mirar sus rostro para temer bajar los pies durante la noche. Sólo alguna criatura de aquella naturaleza podría ser tan perturbadora.
Explorando el bosque, se podría ver una gran cantidad de criaturas normales. Tan normales que ellas también temían. Uno comenzaría a creer que talvez el monstruo sólo sale de noche y que la reacción matutina de la pequeña tan sólo se debe a lo perturbada que ya se encontraba tras días sin dormir.
Cierta tarde, la niña entró en pánico, en un colapso. La pequeña se hizo una bola rosada y se escondió en sus pensamientos. Si uno se hundiera en su mente, tan profundo como ella se encontraba, tan lejos del ahora. Ayer o hace mucho, ella solía salir al bosque, hasta, hasta que algo la asustó. La hizo ignorar el lugar y las flores de verdad, las que eran más que un aroma empaquetado, y se negó la sensación del aire en la piel, el frío, el calor, la gravedad, la realidad.
Crío esperanzas en frascos de cristal opaco. No dejó que vieran la luz, no dejó que vieran el mundo. Alimento sus esperanzas con sal y azúcar, con ácidos y bases, con odio y con amor. Las dejó crecer. Explotaron su prisión, nacieron al día de hoy, vieron la luz. Casi al mismo instante murieron…
¿Esta realidad las ha matado? , o ¿ha sido su rostro desprotegido en espera de depender de esperanzas?|










Texto agregado el 07-12-2004, y leído por 40 visitantes. (0 votos)


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