Y entonces… Me perdí en tus ojos. Caminé por la líquida consistencia de tu mirada. Cada paso hacía ondas bajo mis pies, caminé sin inmutar tu mirada. Caminé por tu mirada como seta, tu mirada café. Tras inspeccionar el amplio y nuevo territorio a explorar, mis pasos se toparon con una variación a la monotonía de tu mirada café. Sentí que mi pie caía, que la líquida consistencia de tu mirada se profundizaba. Pronto un enorme agujero, justo en medio de tus ojos como setas. Un agujero tan profundo, y sentía que jamás acabaría de caer por tu mirada. Me aproxime a la orilla, lo suficiente para sentirme a salvo, y mire la profundidad de tu mirada. Permanecí así, como hipnotizada. Permanecí hasta que me sentí cada vez mas cerca de la orilla, hasta que la líquida consistencia de tu mirada se movía bajo mis píes y generaba ondas que me impedían saber que tan a salvo me encontraba ahora. Avancé hacia atrás alejándome, alejándome, pero bajo mis pies se aproximaba la orilla, la orilla tan cerca, tan cerca, tan lejos de estar a salvo. Me detuve como convencida de que atrasaba lo inevitable. Cerré mis ojos a tus ojos. Me deje llevar, pero jamás sentí que caía, estaba ahí, solo ahí, solo ahí estaba. Abrí los ojos, mire mis manos, me mire toda. El agujero que amenazaba mi apacible caminata por la líquida consistencia de tu mirada se perdió en el horizonte de mi visión. Permanecía justo ahí por largos minutos. Si algo había notado es que estando en tu mirada el tiempo corría notablemente más lento, lo siento, así lo siento. El tiempo corre lento. Cansada de la espera, en el mismo lugar, tanto tiempo, mas tiempo; di dos pasos hacia atrás, cerro les ojos y corrí, corrí hasta que comencé a caer, a caer.
Desperté. Veía como poco a poco tu mirada de seta de alejaba… Estabas frente a mi y no yo en ti. Me sentí de pronto como arrancada del útero, de la paz traicionera, de la líquida consistencia de tu mirada. ¡Necesito que me mires, que me vuelvas a mirar!
|