No señores,
vuelvo a reiterar
las pelirrojas no somos menos felices
tenemos el sol rojo en la cabeza
los hombres brincan de la calle a la vereda,
remiendan su piel con el color ardiente
somos tan poco efímeras,
revoloteamos dentro de un cuarto
hasta volvernos añicos,
nos comemos los pechos unas con otras,
ponemos las cerezas mirando al cielo
y desciframos los síntomas de un sin fin
de hombres absurdos
Es así, tenemos alas y escudos en el cuerpo
nuestra palabra es de un rojo profundo
de un beso encendido en la sien
creamos casas y edificios volviéndonos locas
y soñamos todo el insomnio que cabe en el mundo;
entonces salimos las pelirrojas
a baldear las calles del tinte hermoso,
exterminando el ruido y la furiosa soledad
Sanamos el sarampión violento que es causa de tanta muerte
navegamos en la sangre de los hombres de la casa,
les curamos la trágica rutina de ser tan nuestros,
los baldeamos de rojo
y al oído,
le proponemos cosas obscenas
Verónica |