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-Voy a bloquearte en el Messenger –te dije.
Me miraste como si te acabara de dar una patada en los riñones. Entonces comprendí las implicaciones de lo que había dicho. En otra época te hubiera devuelto las cartas o hubiera cambiado de ciudad para alejarme de ti. Ahora era más sencillo, bastaba con poner una señal de prohibido para que una persona desapareciera de tu vida.
Volví a casa conteniendo las lágrimas, yo tampoco acababa de entender lo que estaba haciendo. Es lo mejor, me decía. Pasaron los días, las semanas, los meses y seguiste bloqueada. De tanto en tanto, tu icono prohibido aparecía en los primeros lugares de mi lista de contactos. Ahora está conectada, pensaba, podría desbloquearla y hablar con ella, ya han pasado dos meses.
Tenías aquella costumbre de cambiar las frases que acompañaban tu icono, dándole un contexto a la conversación, según el día que tuvieras. Tus frases siguieron cambiando y esa fue la única fuente de información que tuve de ti. Recuerdo aquella tan larga que decía: «a) majaderos oligofrénicos b) pandilla de atacaos c) ambas opciones son correctas», con la que describías a tu grupo de amigos durante la última semana que estuve contigo. La frase siguió allí por un tiempo después de que yo te dejara, probablemente aún era relevante. Empecé a preguntarme en qué categoría me incluías a mí ahora, me inclinaba más por la b) aunque es posible que ambas opciones fueran correctas. Un día cambió tu frase. «Pues, el transporte público tampoco está mal…» Aquello me arrancó una sonrisa, habías estado preparándote para sacarte el carné de conducir y supuse que el primer examen no te había ido muy bien. Llegó en invierno y con él las palabras «Ahogada entre mocos», que hicieron que me sintiera más próximo a ti, pues aquellos días estaba pasando unas anginas terribles. Luego fue «Tarariii tarariii». Supongo que estarías contenta por algo, aunque no sabía por qué, no creo que tuviera nada que ver con la autoescuela. Después apareció tu nombre, desnudo, sin más, y eso no me dijo nada. Esas palabras que has escrito ahora, no tengo ni idea de qué significan, ni en qué idioma están. ¿Por qué tanta curiosidad? ¿Aún conservo la esperanza de que tengan que ver conmigo?

Texto agregado el 09-12-2004, y leído por 150 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2008-04-14 12:41:10 Muy buen cuento, ocurrente, sencillo y enigmático a la vez. lobodebarro
2008-04-05 08:17:27 Tierno, tierno... sophie
2006-08-02 09:30:37 La vida, la cotidianeidad, la mejor fuente de inspiración. Sin ir más lejos... Saludos. Nomecreona
2004-12-11 15:31:55 Como ya te he dicho, es un texto muy simpático. Por cierto, he ingresado en la comunidad. LeoMendoza
2004-12-11 14:04:14 Hay muchas historias como esta en en la página... Me gustó el comienzo en el que hablas de modernidad, después la nostalgia, el recuerdo y el ¨¿arrepentimiento orgulloso?¨ lo volvieron un texto a mi criterio insípido. Chau. sals1984
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