Nadie en el mundo puede decir quien soy.
Vengo de un país donde todos somos culpables.
Puntajes, pruebas, negativas, chequeos y confianza
es algo que me tiene sin cuidado (como casi todo lo ambivalente)
Ella sabe cuidarme y mejor aun sabe despertarme.
(me sostengo del hilo de tu paciencia sin receso a la vista mi amor)
Y todas esas pocas mañanas con vos parecen hacerme olvidar lo que soy.
¿Porque ellos están detrás mío exigiéndome la cebolla para llorar?
Si, tenes razón, este mundo esta lleno de los mismos vacíos de alma de siempre.
¿Pero tienen que ser tan irritantes?
Son una X en un cheque en blanco,
son la válvula de escape de la frustración de sus padres.
Generación de involucionados desvinculados de la realidad.
Es una frase muy larga, pero suena tan bien.
¿Y los comunistas? ¿Los revolucionarios?
¿La izquierda de ultraderecha liberal reaccionaria pasiva?
Ya son parte de un sueño dentro de otro sueño de alguien que nadie recuerda ya.
La salvación era más que una bandera o un asiento en la plaza...
Tarde lo aprendimos, tantos muertos después lo comprendimos
y aun así cuesta un poco aceptarlo, nos sentimos un tanto sucios.
Y el jabón no alcanza mi amor, ni las estrellas de tv ablando de tetas aerodinámicas con silicona.
Y los hijos de este error son caras anónimas en la ciudad,
inaccesibles tras monitores y revistas sucias y miedo.
Los militares desfilando por Av. Santa fe y Esmeralda
tienen la llave de esa caja de Pandora.
Fuimos cómplices del silencio, vos, yo, ellos.
Ahora, en la quinta de Olivos, deben estar riendo,
tras botellas de JB y Michael Rushe, in apropiadamente cómodos.
Esperando al tipo con la bomba, olfateando traidores,
pero sobretodo pasándose las fichas de este juego.
"¿Pueden decirme que hora es?"
Grita un general, el vaso de Whisky en la mano nos recuerda a otro monstruo del pasado.
"¿Quien tiene el encendedor?"
Pregunta el contador gordo y maloliente elegido democráticamente por un pueblo paranoico con razón.
¿Querrán encender los hornos una vez más?
Mal sabor de boca y olor a ozono es lo que produce la culpabilidad social
de mantenernos al margen de lo que no nos toca el culo.
Inconsciente colectivo, dijo aquel que solo pierde los dientes.
Y todos los hijos sin padre y los padres sin hijos y las madres en las plazas
nos ponen nerviosos, como una muela que empieza a infectarse, como una oleada de dolor.
Es solo el peso de las suplicas no correspondidas y de las miradas esquivas.
La generación del setenta nos espera en cada calabozo ilegal, en cada manifestación reprimida,
en cada imagen residual que tenemos de lo que es injusto, en cada muestra de legalidad ficticia,
en cada policía y en cada vieja que cierra la puerta con llave y se acuesta a dormir.
El sueño de los justos no mi amigo, no en mi país.
Todos arrojamos las piedras, todos negamos a Jesús, todos dormimos con Magdalena y
ninguno le quiso pagar... y las piedras eran tan iguales que pensamos que nadie se daría cuenta.
Y creímos que en realidad todos esos chicos eran culpables,
pensamos
"Las locas de plaza de mayo dan mala imagen al turista, señor policía lléveselas"
Y los que no están, solo están desaparecidos, vaporizados, tras las iglesias en silencio y
pactos secretos.
Y solo importaba el asado del domingo y el mundial del 78,
somos solo Argentinos, amamos la pelota y no me vengas a joder la siesta.
Y el pus aun sigue supurando, en la mirada de cada tipo que dice "Yo no sabia"
Y estas palabras no sirven de nada en absoluto, llegaron tan tarde e insulsas.
Y los cuerpos debajo del mar tomaran revancha,
cuando en el último día de nuestras vidas
nos deslicemos a las profundidades,
sin poder cerrar puerta alguna,
con ojos ciegos de miedo,
y manos inútiles y traicioneras,
y finalmente,
tengamos que enfrentarnos a ellos...
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