Libro IV:
...el héroe desciende al Averno, donde encuentra la sombra de su padre Anquises
en los Campos Elíseos y recibe alientos y consejo para los días tormentosos que se avecinan
su amor perdida se allá, esperando el furioso abrazo del Ragnar
que todo lo devora y todo lo comprende...
Virgilio Marón 19 a. de C
Ella se ennegrecía mientras las sombras la devoran
provocando círculos concéntricos en una noche sin gracia,
su amante se había extinguido como una niña en una abadía.
(era una llama pobre que nunca encontró reparo)
Los rosales (incomprensibles, inciertos)
se movían fragmentando el tiempo,
dividiendo e indicado a los segundos caníbales,
que eran todo cuanto había y todo cuanto le restaba.
Cayendo el tiempo en gotas de inexacta perfección,
ella se hizo a la mar,
abrazando un pañuelo como única protección
y arrojando un Ave Maria al mar como único redentor.
La marea nunca supo quien lloro con su húmeda recepción.
(sin descanso como en los tiempos de Virgilio)
Toda esa oscuridad adhiriéndose a su piel blanca.
Dilato la mar sólo para sentirse arropada, de muerte y sal.
Límpido amanecer que criminal nunca se supo.
Cúbrela de calma y roció de mar,
que las gaviotas lleven lo que el amor
quebró...
|