Tus ojos siembran de destellos
los campos de la noche.
Mis manos recogieron
aquellos destellos de luz
sobre las sombras del sueño
y ahora mis párpados
se cerrarán pesadamente.
Sobre la almohada natural de tu vientre
dormiré como un niño a altas horas de la noche
y bendeciré esa sombra como la silueta
que moldea en el azar
la geografia salvaje del viento.
Pero cuando el día me recupere, hipócrita,
lo maldeciré y me iré de tu lado,
como un triste y cansado
obrero de la rutina. |