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Inicio / Cuenteros Locales / alipuso / La Sopa

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LA SOPA*



Mucho tiempo después, Quino se anima a retomar su lápiz:

-Mafalda, hija, ¿otra vez vas a despreciar mi sopa?

Mafalda finge no haber escuchado a la mamá, leyendo presurosa las columnas de la sección de empleos en el diario; mientras tanto la mamá, a sus espaldas, termina de lavar algunas tazas.

-Che, ma, ¿creés que tenga tiempo de darle clases de matemáticas a un niño hiperactivo? –remoliendo su asado entre esa barbarie de pelos rebeldes sin peinar (y sin sostén); dentro de un amplio vestido florido que le llega a los tobillos- Tal vez los jueves por la tarde, ese día no tengo que supervisar exposición en la galería.
La mamá suspira profundo, para luego responder:

-¡Ya vas a empezar con tus cosas! –volteando la mirada, resignada, hacia el techo cochambroso de su cocina; sin capacidad para experimentar enojo; a su edad ha perdido esa vocación con Mafalda- ¡Por qué no te conseguís un novio y dejás de pensar en irte a Polonia, o demostrarle al mundo que Green Peace es una farsa –manotea con sus palmas burbujeantes-, o enseñarle matemáticas a un niño hiperactivo! ¡Qué joder!... ¡Ah!, se me olvidaba que también planeás editar tu libro sobre “Las Verdaderas Razones del por qué ‘La Casa es Rosada’ ” ¡Por Dios! –resbala de sus manos una taza que de milagro no se ha quebrado en la pileta.

-¿Para qué necesito un novio? –se defiende Mafalda, atendiendo al fin a su madre- ¿para que me embarace, que es lo que tanto deseas, y me vea como globo? No gracias, con mis ochenta y cinco kilos ya tengo bastante.

-Deberías aprender a Libertad, tu amiga. Tan agradable que es; tan bonita pareja que hacen ella y su marido.

Mafalda ríe, pasando otra hoja del periódico al tiempo que ensarta la última papa del plato; lista para su respuesta infalible:

-¡Libertad! ¡Me querés ver como Libertad! ¡Ja! ¡Qué poca estima me tenés! ¿Qué no sabés que el muy mierda de su marido la golpea? Podría contarte otras cosas de ella, pero me ha pedido que no se lo revele a nadie. Además, él le lleva al menos medio metro de estatura.

-¡Qué decís! ¡Eso no es posible! ¡Su marido se ve tan respetuoso!

-Ay señora, siempre tan ingenua –observa a la madre de reojo: sus tobillos hinchados, vendados; cerrando al fin el periódico, decepcionada de lo poco que le ofrece-. Creo que voy a terminar por enlistarme en la Legión Extranjera.

-¿Por qué no le hacés caso a Felipe? –insiste la mamá-, él es un chico responsable, y se nota que te quiere mucho –mientras imagina, muy a su pesar, la triste escena de Mafalda canjeando el enorme ramo de rosas que le mandara Felipe, apenas la semana pasada, una a una, en la Facultad de Filosofía, a cambio de firmas en apoyo a la “solicitud ciudadana para la renuncia inmediata del presidente de la república”; según le contó Manolo: presto proveedor de todas las cafeterías de todas las universidades de Buenos Aires.

-¡Felipe! –responde Mafalda, sorprendida- ¡Ja ja ja! ¡Mejor pedime que me meta de monja! Así al menos no tendría que soportar a un tipo como él.

-A mí me han dicho que Felipe es un profesionista capaz, y es buen muchacho, eso no lo podés negar –enjuagando las tazas-. ¡Siempre tan pulcro! ¡Ay! ¡Ojalá que mi Guille salga como él!

-Tenés toda la razón, ma; pero resulta que Felipe es un boludo que no sabe hacer otra cosa que sumas y restas en su escritorio. ¡Imaginanos casados! ¡Seguro los domingos los pasaríamos comiendo bombones frente al televisor! ¡Que horror!

-Es un chico honrado y trabajador –machaca la mamá; intentando ahora arrancarle la ceniza de cigarro a un par de vasos.

-Ma… cuántas veces tendré que decirte que nunca debes confiar del todo en la gente que es honrada y trabajadora. Además, con ese perfil que tiene el pobre de Felipe… ¡No sé cómo puede ir al despacho luciendo sus enormes dientes aun con la boca cerrada! –mientras repasa los pormenores de una masacre de inocentes en las noticias internacionales.

-¡Hija mía! –grita la mamá con el ceño fruncido, en tanto seca sus manos en un paño que cuelga de la pared- ¡La verdad no sé cómo vas a terminar! ¡Me preocupas!

-Lo que debería preocuparte –responde Mafalda, dándose vuelta de nuevo hacia su madre- es la panza y la neurosis de papá; no sé cómo lo soportas, ¡a mí ya me tiene harta!

-¡No hables así de tu padre!

-A ver –dice Mafalda, ensayando un gesto de fastidio-, resumiendo el tema –hace a un lado el plato vacío con tenedor y cuchillo cruzados, así como el plato hondo que contiene su sopa fría, intacta-, ¿acaso querés verme como Susana? ¿recordás que de niña se la pasaba jodiendo con que quería tener muchos hijitos y un marido cariñoso? ¡pues vela! ¡con dos críos y sin tener idea de su paternidad!

-Ay Mafalda –rodea la mesa y se sienta frente a su hija, insegura, echándose para atrás su cabello entrecano con esas manos pálidas y descuidadas-, sólo te pido que pienses en tu futuro.

-¿Y qué pensás que hago a diario? –retando con la mirada a la mamá-Créeme que en situaciones extremas, el evitar todo, es la mejor forma para lograr un futuro exitoso, ma. Digamos que cuando no hay opción lo mejor es la abstención; y cuando todos caigan, yo estaré ahí, con el camino libre –afirma en tono sarcástico la chica.

-¡Tú y tus frases célebres!

-¿Cuáles frases célebres? Esta frase es mía –sonríe orgullosa-; la difundí en la Facultad hace unos meses, en vísperas de las elecciones; pero ya ves, no dio buenos resultados –baja la mirada, encontrándose con la terrible fotografía de la masacre de inocentes.

-Más bien deberías abstenerte de ir a ese nido de vagos cada tercer día –arremete la madre; secándose una gota de sudor que le escurre detrás de la oreja.

-¿A qué te referís con “nido de vagos”? –pregunta Mafalda- ¿al taller de cuento? ¡Ja! –aleja un poco más el plato de sopa con su mano, al llegar hasta su olfato ese olor insoportable- ¿Sabes que soy leída en varias revistas de Hispanoamérica? Un amigo acaba de terminar la traducción al francés de una de mis poesías, y según me han dicho en el taller es una excelente traducción. ¡Eso significa que soy traducible!; porque ya ves que hay escritores que al traducirlos a otro idioma, la esencia, la idea, la médula de lo que dicen se pierde… … … ¡Pero qué te explico a vos! ¡si mis cosas nunca les han interesado a ustedes! –y voltea el diario completo para no seguir viendo esa fotografía deprimente.

-Bueno –cambia drásticamente el tema la mujer, sin la menor intención de seguir cayendo en provocaciones-, mejor te vuelvo a calentar tu sopita, ¿sí?

-¡¡¡No!!! –estalla Mafalda, tomándose los cabellos ensortijados- ¡Por qué nunca te cansás de ofrecerme tus sopas si bien sabés que a mí las sopas no me gustan!... Es más –añade-, recuerdo que de niña una vez la vertí en el suelo.

-Sí, me acuerdo de eso –bajando la mirada, aún sentada frente a Mafalda-; y vos todavía te carcajeaste –sonríen ahora ambas ante la anécdota.

-Miralo de esta manera, ma: si me como tu sopa, hoy mismo, en la noche, o mañana temprano, voy a tener que defecarla.

-¡No seas grosera!

-¡Es la verdad! ¡Escúchame por favor! –toma sutilmente del brazo a su madre, como quien intenta hacerle entender una tragedia- En el mejor de los casos, en los próximos días se transformará en mísera mugre embarrada por todo mi cuerpo, como desecho normal de mi piel, de mis órganos, de mis huesos o de mi sangre, y se irá la muy ingrata por la coladera del baño cuando me esté duchando; y lo mismo pasará contigo, con Guille y con papá. ¡Sobre todo papá, con su espeluznante abdomen!

-¡Ya no quiero escucharte! –responde la mamá, cubriéndose los oídos. Gira sobre su silla hacia la alacena.

-En cambio –sigue Mafalda, indiferente a la actitud de su madre; disfrutando del cuadro-, si guardás esta sopa en el refrigerador, seguramente seguirá siendo un delicioso platillo para ustedes, por mucho, mucho tiempo.

La señora deja de apretar los ojos, descubre sus oídos dibujando una discreta sonrisa, una esperanzadora silueta de sus labios libres de culpa.

-Mirá tu hermosa obra –prosigue Mafalda, señalando con desprecio su plato de sopa-, tu exquisito caldo de pollo es una obra de arte, ¡mmmmm! –mamá sonríe abiertamente volteando hacia Mafalda al girar sobre la silla en sentido contrario.

-¿Y por qué entonces nunca has querido comerte mis sopas? –emocionada, a punto de llorar; mientras Mafalda se limita a acomodar su enorme trasero sobre el cojín de la silla; sin evitar mirar con asco el plato hondo, en cuya superficie ya se forma una espesa nata amarilla; respondiendo con todo el sarcasmo acumulado en su vida:

-Vos sabés bien cuánto amo el arte… ¿o no?...

-¡Estás loca! –rompe en llanto la mamá.

-¡Por qué siempre me pedís que me engulla tus sopas, aun cuando no me va a quedar otro remedio que convertirlas en material de reciclaje!

-¡Hacé lo que quieras! –sentencia la mamá, y retira con violencia todos los platos de la mesa.

-¡Entonces con tu permiso! ¡voy por cigarros! –grita Mafalda devolviendo el enfado; toma un palillo antes de azotar la puerta del viejo departamento.







-¡Mafalda! ¡cuándo vas a seguir mis consejos! –se burla su hermano, al que se encuentra a veinte metros de casa.

-¿Consejos? Vos no estás para darme consejos, enano insolente –siguiendo su camino ignora el rostro burlón y cubierto de acné de Guille.

-¡Cuando te atrevas a ponerte minifaldas me darás la razón! ¡Ja ja ja!

-¡Idiota! ¡Lárgate! ¡Ya me di cuenta de que me espiás cuando me baño! –le grita Mafalda a la distancia; tropezándose en la banqueta con sus zapatos cuadrados; sin importarle que los vecinos y los transeúntes la escuchen.




-¡Hola Manolito! –saluda Mafalda, despreocupada, entrando en la tienda de toda la vida.

-¡No me digas Manolito! –responde el tipo con su voz de lija; recargado en el mostrador de siempre; repitiendo la frase de siempre.

-Para mí vos siempre serás Manolito, el último caradura del barrio –responde Mafalda, con nostalgia y cariño.

-¿Qué querés? –pregunta Manolo, flamante y único heredero del negocio; comprendiendo la intención de Mafalda, con esa eterna mata de pelo simulando un plantío de espinas cortado por una podadora.

-¿Por qué a diario me preguntás “qué quiero” si siempre te pido lo mismo? –afirma preguntando, divertida.

-… Porque no pierdo las esperanzas de que uno de estos días entrés a la tienda ¡pidiéndome que me case con vos! ¡jé! –recorre con la mirada y con descaro el regordete pero a la vez apetitoso cuerpo de Mafalda; deteniéndose libidinoso en sus senos dibujados sobre un par de margaritas; sonrojado desde hace años; lanzando sin remedio al aire un sonoro pedo ante su incontrolable nerviosismo de lustros duplicados.

-¡Bestia! –azota sobre la madera ennegrecida del mostrador el dinero por los cigarrillos- ¿Qué pretendes? ¿despertarme a media noche con tu insoportable fragancia?

Mafalda sale furiosa, desilusionada a la calle; sin advertir que Manolito, en lo que se podría interpretar como un acto de genética o simple venganza –quizás cavando su propia tumba ante la competencia desleal de las transnacionales-, ya busca las nuevas etiquetas para cambiar los precios de las sopas.

De regreso a casa, Mafalda advierte la presencia de un policía que ocupa su tiempo viendo los titulares de los periódicos en el puesto de la esquina. De inmediato Mafalda cruza la calle, evitando así aburridos interrogatorios.




Por su parte, Guille, tapizado, además de acné, de líbido, entra y sale de casa sin que mamá se entere. Tal vez mañana regrese a dormir.
Mamá, después de una profunda meditación, vierte el plato de sopa de Mafalda, con todo y nata, en la cazuela, para luego meter esta, tapándola con sumo cuidado, en el refrigerador. Gira al máximo la estrategia y la perilla de “congelar”.
Papá no tarda en llegar.

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Dos días después, Quino, el genio, se convence de que no hay manera alguna de retroceder; limitándose a tirar a la basura estas hojas de papel.






*Adaptación al "idioma argentino" por parte de Cecilia Serrano.

Texto agregado el 15-12-2004, y leído por 352 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2007-01-12 00:59:35 Ella alega y reclama, pregunta y pregunta, no sabe qué dirá, ella entristece por las guerras, el hambre y la violencia, el racismo y la maldá....el mundo es caricatura y ELLA es la niña eterna y real. Nunca me imaginé a Mafalda tras unos cuantos años, buen ejercicio. la-negra- chilena
2006-10-27 01:31:17 me atrapo la historia kiero una segunda parte :)++++++++ PUCCA_PSI CODELIC
2005-06-02 02:00:20 Qué mundo, no???. que Mafalda para no querer lidiar con la sopa...para mirar de frente al mundo y decir unas cuantas verdades..., interesante modo de mirar a mafalda mafalda0970
2005-05-13 21:12:44 Imagino lo que diría Mafalda viendo el título de tu cuento: "Hoy también es San Estómago Mártir?" --Gracias por rescatar esas hojas de "la papelera de Quino" :) Enhorabuena. entrelineas
2005-01-20 11:41:39 Mafalda no cambia, ni con la sopa ni con nadie... es interesante poner en perspectiva "realista" lo k sería la vida de mafalda. Buen relato. KaReLi
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