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Cansancio ® No fue hasta entonces, cuando las piernas también lo abandonaron, que dejó de correr y jadeó "¡Deteneos!" a quienes le perseguían; alzó sus dos manos y puso el bastón sobre su cabeza. Pero corrían tiempos distintos y esta vez el mar no quiso abrirse. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |