Con su mirada perdida en algún sueño fallido yace él, en la ciudad de Bogota un 19 de mayo deseando transformar el mundo de porquería en que se sumergió hace mas de tres años.
Hombre guapo de escultural cuerpo, ojos claros como la luna llena, cabello castaño, ahora mas largo que antes .
Viste, si a eso se le puede llamar vestir unos jeans negros desteñidos, andrajosos, una camisa que antes era a cuadritos azules hoy día ni se puede distinguir que cosa es, sobre ella un gabán negro – Parece como si se empeñara en unirse a la noche – alto, de cejas pobladas y delimitadas como si hubiesen sido dibujadas por manos privilegiadas, nunca se tomo el tiempo para aprender a bajar la cabeza y su gran timidez lo hace un ser callado, con un toque nostálgico.
Camina como quien no se dirige a ningún lado concreto, lento se desplaza por la vida con la seguridad de hacerlo todo lo mejor posible, pero se olvida que tomo el rumbo equivocado cuando decidió mandar al carajo todo aquello que podía llegar a atarlo.
Dejo su familia que lo amaba con un amor casi perfecto, solo buscaban su bien, pero ellos también olvidaron que el bien se busca por si mismo, lo sobreprotegieron y no son totalmente culpables de eso, cundo se ama se cometen errores, abandono su novia hermosa mujer trigueña que lo apreciaba en verdad. Le entrego cinco años de vida, de experiencias, de sueños y anhelos.
Dejo atrás ese camino fácil – por llamarlo de alguna manera- para seguir según él, la vida que se le escapaba mientras veía un amanecer al lado de Norma su prometida.
Eso fue hace tres años en Medellín para un 15 de Octubre, desde entonces se ha dedicado a estar allí, donde nadie le conoce, donde nadie le ve como alguien, esta allí tras esa vida que perseguía y que sin saberlo se le fue sin darse cuenta.
Allí yace él, Mauricio Figueroa, hombre apuesto de jeans desteñidos y andrajosos en una calle fría y solitaria de Bogota tirado en el piso desangrándose a causa de tres puñaladas propiciadas por un maniático, que le quito los últimos tres gramos de heroína que poseía Mauricio, para pasar otra noche mas de frió, hambre y desolación en un lugar donde nadie le conocía. |