Vamos Rodrigo tu papá debe de estar por llegar- dijo su madre acercándose y mirándole su cuerpo muy rápidamente- Lávate la cara, la tienes sucia, qué haces para estar siempre cochino?. Y con su saliva lo limpia – Ahí estás bien.
Bajó, animadamente, las escaleras . Saltó los últimos tres peldaños como de costumbre, salió por los estacionamientos, y aquel pasto verde le hizo sonreír, recordando su infancia.
Hola- le dijo su padre mostrándose entusiasta y estirándole el brazo- ¿Cómo estás?, a ver como va el colegio, tus amigos, han salido?. Dicho esto lo mira cabizbajo.
- Bien, o sea nada distinto; sigo estudiando, rindiendo pruebas. Mis amigos?, bueno bien también, ayer vino para la casa Rafael... el que juega fútbol, te acuerdas?.
- Si, si – asiente como estúpido el padre.
Habían comenzado a caminar, no se habían dado ni cuenta, cuando estaban llegando a la plaza donde Rodrigo dio sus primeros pasos. Ambos se miraron sin saber que decir y sonrieron. Pero era una risa de un padre ausente, que necesitaba preguntarle a algo a su hijo que reía ocultando su pena. Sin saber como reaccionar el pequeño, sumido en ese acertado presentimiento de que su padre estaba ‘ansioso’ por preguntarle algo, comienza a caminar más rápido, dirige su mano a su boca para comerse las uñas, traga un poco de saliva. Se disponía a cambiar el tema cuando su padre le dice: Y tu madre cómo está?, está saliendo con alguien?.
Éste, ya muy entristecido, cambia su cara, la hace parecer más alegre y con una falsa, larga y floja sonrisa responde: Bien, aunque sigue soltera. Pero ha estado muy alegre últimamente, me ayuda en las tareas, sale con amigas.... Honestamente la imagino muy feliz.- dicho esto lo mira a los ojos haciéndole ver que no mentía.
Su padre sin saber que hacer ni decir, le responde asintiendo moviendo la cabeza y mirando al infinito, como si estuviera meditando algo.
Pasaron unos helados, cuando la hora para cenar se sentía cercana, por lo que decidieron volver. La vuelta fue un poco tediosa ya que ninguno de ellos podía hablar sin que se le notase la preocupación o simplemente porque no sabían que decir.
Finalmente llegaron, su padre se despidió de él intentando hacerle ver una sonrisa, le estrechó su brazo y con una voz, dura y firme, pero a la vez sensible le dice : Chao, cuídate mucho, y saludos a tu madre.
Rodrigo cierra este encuentro con un beso, cuando lo hizo intentó oler la fragancia paternal que irradia un hombre mayor.
Sube las escaleras, y cuando le faltaban cuatro, decide saltarlas para poner en prueba sus capacidades. Salta y cuando iba en el aire pensó que no iba a poder llegar, por lo que cerró los ojos, para no prever el dolor, cuando pum!, los abrió y vio que estaba sano. Más alegre que antes ,porque había triunfado, tocó la puerta y entró.
Su madre lo invitó a la mesa, en ella había la típica ensalada dominguera que hacía ella y dos platos con ravioles. Comiendo le pregunta, un tanto caprichosa: Y cómo está tu padre?.
Éste la mira, y le dice: Está bien, hoy caminamos más que de costumbre, jugamos a la pelota, y está feliz, con trabajo nuevo.
Ella al escuchar esta respuesta le dice muy fríamente: Y está saliendo con alguien?.
- Parece que no – responde, con su mente hecha mierda por tanta mentira, pero intenta alegrarse y como con una máscara sonríe.
Bueno- le dice su madre terminada la cena- vete a hacer tus tareas.
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