Campanilla quería a Peter Pan. Por eso, cuando aquella noche le siguió y le vio con Wendy, no puedo contener su rabia: Peter Pan ya no estaba tanto tiempo con ella como al principio, estaba cegado por la presencia de Wendy. Y, para colmo, la había desterrado, había terminado con la amistad que mantenían desde hacía años. Cuando les descubrió juntos se dio cuenta de lo que realmente sentía hacia el muchacho. Su pequeño corazón estalló rompiéndose en mil pedazos, sintió que ya nada tenía sentido. Y huyó de aquel lugar, intentó escapar de la injusta realidad que tenía ante sus ojos, desesperada, desgarrando la paz de la noche con su frenético aleteo, con un llanto cruel y estremecedor, impregnando el cielo con el Polvo de Hadas que se nutría de sus esperanzas y que ahora, como ella, empezaba a marchitarse.
El tiempo que pasó volando, ni ella lo sabía, alejándose todo lo posible de aquella espantosa imagen. Finalmente se dejó caer sobre una roca, exhausta, desorientada, cegada por el dolor. Una silueta familiar se dibujó entre las sombras de la noche. Tomó a la pequeña Campanilla entre sus manos y la miró con ternura. Campanilla abrió los ojos, esperando ver a su adorado Peter Pan, pero no fue a él a quien encontró. El extravagante James Garfio era quien la arrullaba en su mano, él era quien estaba a su lado ahora que el mundo la daba la espalda, quien la consoló y sufrió tanto como ella con su dolor. Peter era el eterno rival del pirata, y le había inculcado a Campanilla el mismo odio que él sentía, pero el James Garfio que tenía enfrente era alguien totalmente distinto… Un hombre perseguido por la desdicha, acostumbrado al rechazo, un hombre con el corazón oculto tras una fría capa de dolor y rencor, un oscuro y triste poeta deseoso de amar sin poder hacerlo. No eran tan diferentes. En sus ojos pudieron ver reflejado todo el sufrimiento, todas las injusticias, todo el amor retenido, las ganas de vivir y ser felices que compartían. Y no dijeron nada (¿no sobran las palabras cuando el alma encuentra su imagen frente a ella? Entonces, sólo un gesto, una caricia, una mirada son las claves de su comunicación). No pronunciaron sonido alguno y fue la noche en la que más se dijeron, la noche más hermosa jamás vivida, aquella en la que dos tristes corazones se hallaron frente a frente, se comprendieron y sintieron algo indescriptible crecer en su interior.
Entonces, el tiempo se paró y el resto del mundo dejó de importar. |