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Inicio / Cuenteros Locales / vaerjuma / Rivalidad (a Ondina)

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RIVALIDAD


Siempre les gustó competir.
Se conocieron cuando los dos andaban más o menos por los 14 años, en un concurso que ni vale la pena mencionar, en la placita del barrio “33 Orientales” de Paraná. Fue el día en que, allá lejos y en un enredado asunto de mafia y polleras, mataban a Oscar “Ringo” Bonavena en Estados Unidos. Fue un sábado.
En cuanto se miraron supieron que iban a ser irreconciliables amigos para siempre… Y contrincantes implacables. Desde ese día comenzaron a estar juntos casi todos los días, casi todo el día, porfiándose continuamente uno al otro.
Al principio los desafíos eran los habituales entre dos gurises de esa edad: competían por ver quien rompía más focos con la gomera, o por demostrar quien llegaba más lejos con el chorro de la meada, o por saber quien se hacía más pajas en menos tiempo, cosas así...
A medida que fueron creciendo el motivo de los retos fue también cambiando. Se enfrentaban, por ejemplo, para saber quien era capaz de tomar más ginebra, o para demostrarse quien era el mejor en la conquista de mujeres, esas cosas.
Después ya no hubo límites. Las gallardías fueron más allá de la razón y la lógica. Los testigos ocasionales aseguran no haber visto nunca algo parecido. Vayan algunos ejemplos a modo de ilustración.
Una vez “Luchi” Flores estuvo 17 días seguidos sin respirar y, venció por abandono a un azulado Horacio Estremero que prometió dejar de fumar de una vez por todas, que si no...
En otra oportunidad fue Horacio quien superó a “Luchi”, cuando pudo volar 87 metros exactos, sin aletear nada más que una primera y única vez...
Un día jueves la policía, alertada por un vecino del predio, un tal "Tano" Sotera, fue la encargada de detener una pugna en donde tanto “Luchi” como Horacio ya se iban comiendo, ladrillo por ladrillo, hasta casi los cimientos de la vieja casa abandonada de calle Catamarca 575. No hubo vencedor ese día, y es justo decirlo...
Cierto mediodía (pudo haber sido a principios de algún octubre, pero los recuerdos de quienes presenciaron el hecho no lo determinan) tanto Horacio como “Luchi” hicieron crecer dos dedos más a cada uno de sus pies. También hubo empate esa vez pero, si cabe la acotación, uno de los dedos de “Luchi” le quedó medio chueco y con la uña encarnada…
Nunca descansaban. Nunca despreciaban el envite del otro. Nunca les parecía demasiado el borde buscado. Nunca… Hasta ese día.
-Che, ¿qué te parece si mañana, a las 3 de la tarde, nos enamoramos perdidamente de Gabriela Tetra, la conquistamos y pasado un tiempito vemos quién le contó más pelos en todo el cuerpo? Vos marcás los pelos contados con azul y yo con verde. Tiene que ser con alguna tinta especial, que no salga con el agua, porque cada vez que se bañe vamos a tener que empezar de nuevo. Y tiene que ser cuando esté dormida, porque si se da cuenta nos echa a los dos a la mierda, le cuenta al hermano y nos hace moler a patadas –propuso Horacio, mientras tomaban unos mates dulces, sentados en los escalones de la entrada principal de los edificios de calle Irigoyen.
-No –dijo “Luchi”, tajante.
-¡Dale, cagón!...
-Te dije que no.
-¿Te rendís?...
-Si, me rindo. Te doy por ganador.
Horacio no entendió la flojera de “Luchi”. Sobre todo no entendió que lo de “Luchi” no era flojera, hasta que lo miró a los ojos.
-¡No me digás que…!
-Si me decís algo o te reís, te cago a trompadas.
-¡Estás enamorado de Gabriela, boludo!...
El puñetazo sonó seco, tremendo. La nariz de Horacio comenzó a sangrar y a hincharse. No dijo nada, sin embargo. Se levantó y se fue.
Al poco tiempo “Luchi” y Gabriela se casaron. Fue con una ceremonia sencilla en la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, de calle Carbó. Horacio estuvo invitado, por supuesto, pero no fue.
Unos meses después Horacio se casó con Mariela Santagelatto. Obviamente fue en la iglesia de calle Carbó y con una ceremonia más sencilla que la de “Luchi”. “Luchi” no estuvo invitado, pero fue y se quedó parado en el fondo hasta el final.
Paso el tiempo…
Un día Gabriela apareció con puntos azules en el cuerpo. Los puntos azules están justo en cada uno de los vellos. Lo mismo le pasó a Mariela, salvo que los puntos de ella son verdes. Por más que se bañan y friegan, no salen. “Luchi” y Horacio les han dicho que no se preocupen, que son cosas de los pigmentos, la melanina y las hormonas revueltas, que el día menos pensado les van a desaparecer…

Texto agregado el 07-01-2005, y leído por 241 visitantes. (26 votos)


Lectores Opinan
2008-07-05 04:55:53 Creo que 5 estrellas no son suficientes para ti,eres un gran escritor y poeta sin duda.Saludos. anablaumr
2007-09-11 04:02:52 Para esta hazaña no valdrán retóricas, no hay marcadores ni pigmentos capaces de hermanar los vituperios!! jajajajaja, excelente! todas ********** montevideana< /a>
2005-06-29 11:57:01 muy bueno. cinco estrellas manes
2005-04-23 03:16:32 ¡pucha los amiguitos! jajaja Genial el final, muy bien llevada la narración, le das un ritmo vertiginoso que no te da respiro, y el final es sorprendente. Muy entretenido. maitencillo
2005-03-24 14:55:24 Hay gente para todo. Vaya. Muy bueno. Disfruté leyéndolo. Besos, Mina. ezelrida
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