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Cita Las atestadas calles de Santiago la tenían con los nervios de punta. Caminaba sin pausas, con su mente en blanco. De pronto, unos ojos llamaron su atención. Él estaba allí, esperándola. Se detuvo. La gente dejaba estelas transparentes frente a sus ojos. De pronto, una luz se encendió en su cabeza. Sonrió a sí misma, dio media vuelta y lanzó un anillo al aire. Por fin era libre. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |