De mi mayor consideración.
Ante todo, buenas tardes. Me imagino estará usted disfrutando de la fabulosa vista al mar que, le aseguro, desde la biblioteca de su (me permito, desde luego, decir "su" y no "vuestra") casa es el lugar más confortable para, redundando, verla. Discúlpeme (sobre todo que lo diga ahora, apenas comienzo mi saludo), pero mis estados de ánimos están un poco alterables. Eso explica que explique a su vez las mismas cosas que tal vez usted supone. No quiero imaginarme que a usted no le importen. Lo cual no quiere decir que me haya imaginado tal cosa.
Pero la verdad es que, de tan solo imaginarlo de un modo tan apacible, soldado, el último de los que estaban bajo mi mando; lo extraño a usted un poco. Muchos dicen que lo extraño porque quisiera en realidad poseer las cosas que usted posee, sobre todo la vista al mar desde su biblioteca (e incluso los libros que la conforman, los cuales deben ser de seguro muy buenos, no lo dudo en lo más mínimo) pero no es así ¿no es cierto?.
¿sus hijos, los tiene todavía; Myriam, ella, ¿cómo está?
Por favor, ante todo, continúe observando el mar que de seguro estará usted observando
Cordialmente.
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Esto tiene, sí una moraleja: las peores alucinaciones son las que no existen.
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