Estar mal es algo que casi siempre me permití, y que encima me admití demostrar. Hubo algún tiempo en que me sentí bastante infeliz ¿y saben que? Era mi secreto mejor guardado, lo vivía como algo pecaminoso que merecía ocultarse. No se la razones, pero también tuve épocas en que el modelo de joven-adulto moderno, capaz, sonriente, globalizado y feliz me parecía un mandato difícil de rechazar. Envidiaba secretamente a los que podían mandar todo al carájo, y quedarse en sus casas como si nada. Yo no lo lograba, me tenía que demostrar mi capacidad para adaptarme al sistema aunque eso no redundara en mi propio beneficio.
Esa falsedad que a veces elegimos en nuestra conducta cotidiana debe estar muy amparada por la noción de lo políticamente correcto que ha invadido el fin de siglo. Creo que los defensores de esta tendencia piensan que a sí se ayuda a mantener una convivencia social amable y poco agresiva. Yo creo que se trata de promover las mentiras piadosas, esas mentiras que las victimas son las primeras en intuir y ayuda mas al que la dice que al supuesto beneficiario. ¿Pero es tan difícil ser honesto? Pienso entre otras cosas, a modo de ejemplo, que los argentinos no podemos obtener información de los servicios públicos, ni siquiera atienden el llamado con la suposición de que la línea estaba siempre ocupada. El sistema es tan malo como honesto, Ud. no tiene derecho a nada y nosotros de lo decimos de frente, no le decimos nada de nada. Pero ahora el sistema cambio un poco y de lo malo y honesto se paso a lo menos malo y deshonesto, la calidad de servicios mejora y también el costo, pero la relación con las personas se adorno con frases de plástico como ser "nos gusta servirle", "gracias por llamar", "reportaremos su queja" que en realidad significan todo lo contrario, " no joda y agradezca que ande, solo eso brindamos ya que antes ni eso"
Sin embargo, hay una especie de engaño básico, el mejor ejemplo es cuando alguien llama a una empresa y después de estar un par de minutos eligiendo opciones al estilo de "si quiere tal cosa oprima este numero" encuentra la reconfortante posibilidad de marcar un digito que lo conecte con alguien de carne y hueso, o eso cree, allí llega la cinta grabada... " su llamado es muy importante para nosotros por favor espere". Uno, cinco, diez minutos hasta que uno cuelga molesto, pensando mierda que si el llamado es tan importante como no ponen mas gente a atender. Eso si se tiene paciencia y lo atiende todo será un mundo de amabilidad. Mentiras que todos aceptamos como una forma de subdesarrollo, quizás nos merezca algo de nueva tecnología, pero nunca la verdad.
Esa huida masiva de los hechos tal como son parece esconder un modelo de sociedad que solo funciona de formas rígidas, que no se ajustan a necesidades de las personas sino a esquemas artificiales. A veces el estereotipo por el estereotipo mismo llega a límites tan desconcertantes que vale preguntarse si no conforman una manera de nuevo control social, algo así como reprimir el gusto por lo individual y obligar a un menú único.
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