Nací hace unos... doscientos años creo, ya ni lo recuerdo, cada hoja que cae de cada calendario que veo me muestran lo poco apegada que soy a llevar la cuenta de mis días, pero ¿para qué llevarla si no acabará?, no lo necesito, ni cuando lo requerí lo hice. Hace tanto de eso. Debo reconocer que no nací siendo inmortal, al principio tuve una vida común, y no me arrepiento de haber aceptado que Mina Harker se acercase tanto a mí.
Mi pasado no es nada grato. Mis padres eran muy pobres, pero éramos felices, hasta que un día aquella perra asquerosa destruyó mi familia!!! Desde ahí que detesto a la gente de sociedad, como muestra de mi asco hacia ellos robo sus hijos y los consumo hasta que me entregan el alma. Pero no, no nos apartemos tanto del comienzo, seguro que usted desea escucharlo todo desde un principio, no es así?... Bien, retomemos, en qué iba? Ah si! Ya lo recuerdo, estaba recién empezando, si, aquella mal nacida bastarda hija del dinero por decirlo suave, podría enfatizar para hacerlo sincero, pero ya sabe... las palabras sinceras no son elegantes, y las palabras elegantes no son sinceras, así que dejémoslo así y prosigamos.. Lo recuerdo como si hubiese sido hace veinte años, entró en nuestro cuatro, porque en aquél tiempo compartíamos con mis padres sólo una pieza que esforzadamente podíamos costear. Encapuchada y vestida hasta las lonas de negro. Mis padres dormían y yo los contemplaba, cuando percibí su presencia mi corazón latió a mil kilómetros por hora y no lo lograba controlar, creo que ella lo notó porque intuyó mi presencia, seguro por el ruido que esa asquerosa máquina causaba, no sabe el alivio que produce no tenerlo. Me dijo que si no miraba atentamente mi estigma heredado por karma haría que lo lamentase. Por un tiempo creí comprender a lo que se refería, pero ahora sé que no! Tomó su guadaña y cortó la cabeza de mi madre y la tiró junto al rostro de mi padre, este solo alcanzó a mirarla y murió de lo que hoy llaman infarto.
Ahí quedé yo, sola en el mundo, con aquella imagen estampada en mi memoria, no pestañeé ni me atreví a accionar ningún músculo durante tres días. Sólo contemplaba, mis ojos ya se encontraban muy dilatados. Cuando entró alguien guiado por el asqueroso olor y me obligo a salir del cuarto aún me encontraba en transe, sólo reaccioné ante mi primer molesto contacto con el sol, pero eso, se lo relataré más adelante creo...
No tenía nada, mejor dicho no mucho; dos cobres que de poco me ayudaría, un poco de tabaco que siempre detesté, mucha soledad, un cuerpo y tres cuartos del otro porque nunca supe dónde quedó la cabeza, y un espejo que tiempo después de nada me serviría, porque como ha de saber; los de mi saga no poseemos reflejo, pero era mi herencia...Debía costear mis alimentos, o al menos debí intentarlo porque muchas veces me encontré basureando, un día, cansada de vagabundear y que me cerraran la puerta en la cara: ¡Trabaja eres joven!, claro como uno va a buscar trabajo y le dicen al tiro que sí!... Vagaba por fuera del castillo de mi amigo Bram Stoker cuando se acercó un muggle que me ofreció cincuenta peniquetes de oro a cambio de una noche con él ¡qué de malo podría tener acompañar a alguien durante la noche? Quizá se encontraba sólo y quería conversar, hace tiempo que no hablaba con nadie y necesitaba aquella suma así que accedí... grave error, comprendí que nada era tan lindo como lo imaginaba, de todos modos había dejado mucho más de lo que conseguía en una semana. Podría decirse que opté por la vía fácil, aunque sepa usted que no es nada de fácil, muchos menos con aquellos que recurrían a mí porque su mujer no los satisfacía.Poco a poco fui adoptando cierta fama y ¡respeto!, entre comillas, claro, en dos días podía conseguir todo lo que antes jamás hubiese podido creer tener en toda mi vida. Pero me sentía mal conmigo misma, era un objeto de sus deseos y por dinero debía cumplir todas sus fantasías. Incluso recuerdo, con rencor aún, un tipo que me persiguió, ultrajo y me atrevo a decir que fue violación porque no sentí nada más que asco de aquél encuentro, luego me golpeó, me dejó despojada hasta los suspiros y no fue capaz de tirar ni un cobre junto a mí. Sufrí más de lo normal y no me pagó!!! Desde aquella ves gastaba la mitad de lo conseguía en jabones, cremas y cosas por el estilo, sólo por el hecho de seguir intentándolo, porque tenía claro que lo sucia que me sentía no pasaría jamás con tardes de baño. Aún así, lo que nadie podría arrancarme, aunque algo tan insustancial como el aire me molestaba, eran los sueños, continuaba creyendo que llegaría el día en que encontraría mi caballero rojo con negro que contrarrestara todas mis malas experiencias y lograría que olvidase mi turbio pasado, tendríamos engendritos que revolotearan por los bosques y un sin fin de cosas protocolares, como llorar en un funeral aunque no conozcamos al muerto, y que cuando uno es mortal cree importante.
Un día recibí un misterioso telegrama que me pedía citarme con alguien a media noche en la catedral. Salí de mi casa sin miedos, ya ni eso recordaba lo que me hacia sentir, ni el recuerdo del cuerpo de mis padre me atemorizaba, incluso a veces me ayudaba a llegar al orgasmo, y en compañía de la inmensa y bella luna llena llegué a la magna Iglesia. Fue ahí donde conocí a Mina Harker, nunca se me había cruzado por la cabeza la idea de un encuentro lésbico, así se lo hice saber, ella, por su parte me prometió pasarlo bien y recibir el dinero de una semana sólo por un par de horas, ante una oferta tan tentadora no logré resistirme... En cierto minuto sentí su rostro acercándose a mi cuello, acostumbrada a esa clase de caricias no me asombré. El cambio fue cuando sus pupilas se contrajeron y cambiaron a rojas, abrió su boca de labios lígnitos y dejó aflorar dos finos colmillos que sentí como panzazos de alfiler en mi cuello, comencé a disfrutar de la situación hasta que no tuve noción. Cuando desperté, luego de que me hubiese absorbido toda la sangre, me sonrió tiernamente y me ofreció la muñeca cercenada de un infante fallecido pocos minutos antes. Mi bautizo fue tan grato que bebí todo el contenido de aquél pequeño cuerpo...
...Desde entonces que continúo viviendo de lo que otros me dan, soy como un pixies que se oculta tras sus sombras nocturnas, resisto gracias a ellos, los resultados de los que algún día me desgraciaron por mi propia elección, con la diferencia de que hoy no logran tocarme!
Aaah!! Qué pastilla? Discúlpeme pero yo no necesito tomar nada. ¡Que debo volver a mi sala? De qué me habla? No! Por qué me pone esto??! Cuando logre soltarme de aquí comprenderá que su medicina en mí sólo produce el denominado efecto placebo. NO!! Suélteme!!! ¡Ya llegará su hora maldito mortal!! |