Era un día como cualquiera de la escasa vida que llevaba en ese tiempo, si es que puedo tomarme el derecho de llamarla vida sin ofender a los que realmente viven. De pronto me sentí inundad de blanco, el destello de aquella sala casi desabitada me produjo una sensación que, por mi poco carácter comunicativo, planteé como timidez, y sólo ahora me atrevo a admitir lo que realmente fue; miedo mutando con la tristeza arraigada por la nada que era todo, muchas torres caídas, una familia in constituida, ilusiones en la basura y el resultado de una sociedad devastada por la cual me dejaba arrastras para que no se notase que también ocupaba el oxígeno confortante de los árboles vecinos. Llegué sin miedo ante una silla en la cual me dejé caer abatida por el pensamiento de que saldría temblando. Mi tenida lúgubre, lígnita desentonaba con tan ampo lugar y creo que también con lo que mi confesor esperaba de mí ¿pensaría quizá que tratar conmigo sería oír el típico discurso adolescente de amores infundados? Aunque en el camino que se dio en aquella, única sesión, noté que su pensamiento era distinto, aún creo que en primera instancia, antes de que parase en su portal, lo creyó de ese modo. El comienzo de su discurso fue casi textualmente lo que había planeado escuchar, pero para mi sorpresa la respuesta no fue la que me había propuesto exponer. No dije nada; había quedado absorta, nadaba dentro del mar mustio de sus ojos buscando en su mirada respuesta a la interrogante. No sabía qué decir; ¿Por qué había ido donde él? No tenía idea, lo único seguro era que obligada no había sido pues en mi ¡hogar! no pensaban si quiera que yo pudiese encontrarme pidiendo ayuda. Como no puede encontrar una respuesta literal abrí mi bolso y deposité sobre su escritorio el contenido; afloró García Márquez, Cortazar, Stoker, Archer, Norwod, proyectos; y bases para éstos de tipo artístico, que salieron a un encuentro bien recibido en sus manos. Miró todo detalladamente, luego se detuvo en mí en busca de una respuesta, titubeé antes de hablar, me sentía sin aliento y con deseos desesperados de salir corriendo ¿qué hacía ahí?, lo mismo me preguntaba mi interior a diario, y cómo expresar que era ésa, mi interrogante de cada mañana, a la cual esperaba dar respuesta en aquél lugar? De pronto sentí que recuperaba los conocimientos de palabras, que no entiendo cómo perdí, cuando realmente eran lo único que me refugiaba siempre; ¡siempre! Tenía una bomba de conocimientos dentro, quería llorar y gritar, o más bien llorar a gritos?... o gritar en llantos?? Me sentí tan dubitativa como realmente nunca me he vuelto a sentir, desde aquél día en que dejé atrás mi infancia. Giré en un ángulo de 180 grados en ésa típicas sillas de computador y comencé mi discurso: Éste es mi gran problema, no tengo más vida que la de los escritores, su mundo es el mío, que naturalmente no es un mundo verdadero!! No me siento parte del lugar, de ningún lugar!! Me siento muerta en vida, sin embargo viva de conocimientos. Veo a diario un mundo que no estaba en mis sueños de pequeña y que no encaja con las historietas que solía leer a los tres años. El egoísmo catastrófico agoniza caminante a diario en las calles, el olor a cemento mojado por la niebla matinal me petrifica, el viento soplando me lleva a vivir, las hojas cayendo me alegran el día, pero de qué me sirve si muero cada ves que miro un milímetro más allá de la naturaleza? ¡¡No lo comprendo!! Siento cada día que me lleno más de lecturas sabias, de relatos concientes que arreglan al mundo, pero ¡sólo es mi mundo! No me refiero a que llevo una vida irreal, es sólo que quizá, no nací en le época correcta. Nadie conoce la tristeza de las estanterías que corrompen mi cuarto tapizado de libros. Nadie comprende lo infeliz que es vivir queriendo conocer a mis escritores favoritos y soñar que podré tener una tarde con ellos, pero no es tan así, no es ése mi problema! Qué pasaría si Macondo sólo ha sido producto de una borrachera y El Perseguidor una historia de bar construida mientras jugaban Rayuela entonces Por qué? Sólo sería una pregunta para el comercio y Drácula un orgasmo plasmado como los que ocurrían en Ópera Inmóvil? Qué pasaría entonces? ¡No! No con la literatura, conmigo! Quién piensa que pasaría conmigo?!! Mi vida no sería nada y mis sueños irían a dar a un depósito basurístico. Por fin giré sobre el propio eje de la silla, y miré a mi interlocutor a los ojos con una confianza que nunca he tenido. Comprendí que no me estaba entendiendo y quise alivianar su tarea contándole un poco más profundo sobre mí. “En mi familia podría decirse que soy una niña consentida, sólo que no sabe pedir, pero créame que no es tan fácil; si pido un abrigo a las dos horas lo tengo, pero que pasa si quiero una mamá?! Me encuentro en un mundo de drogas donde yo ni si quiera figuro para aquella fémina. ¿Y si deseo un padre? Fácil; tomo un bus y llego a aquella caótica ciudad donde debo dirigirme a un cementerio central para entrevistarme con una tumba tapizada de flores. No sabe cómo pesa la nada cuando es combinada con soledad señor! La conocí refugiándome entre libros, celebrada por esta costumbre. Mi padre fue Démian en Mundo (es) de cristal cuando estaba El amor en los tiempos del cólera y condenaban a Los amantes por tener una Hija de la fortuna en La casa de los espíritus en medio de La ciudad de las bestias donde El viejo y el mar Volaban sobre el pantano recorriendo su Infancia en New York por ello he vivido creyendo en las Crónicas de mi (una) muerte anunciada dictada por Kane y Abel que tiene Inteligencia emocional y cuestionan una Sobredosis de Por qué? A Juntacadáveres La gente no le (me) gusta y se convirtió en El coronel -que- no tiene quién le escriba de tanto preguntase Dónde estás Yolanda? Esperé paciente un Manual de situaciones imposibles o al menos una respuesta concisa, pero lo que dijo sentí que no servía de nada. Di las gracias por educación, guardé mis tesoros y salí a la calle, caminé hasta casa, subí a mi pieza, me dejé caer en la cama y no recuerdo más hasta que sentí que comenzaba a temblar. La cama se movía exageradamente, traté de ponerme de pie pero en el intento caí, mi cabeza azoto en el piso y sentí como comenzaba a derrumbarse el techo, entonces me di cuenta que no era un temblor; era un terremoto!! Mi pecho cohesionó, mi corazón latió aceleradamente, ¡¡no quería morir!! Aún no había tenido una visita con Cohelo. Todo se agitaba, la estantería estaba a punto de hacer sobre mí, faltaban pocos centímetros, seguro moriría con el impacto ¡Desperté!! Nuevamente había caído de mi cama, ésta ves me alegraba estar viva. Llegué al liceo, por primera ves cerré a Bombal para compartir con mis iguales un partido de carioca. En medio de una escala me detuve y recordé lo que dijo Cristián Amezquita en mi sueño aquella noche: “Tú estás mejor que todos nosotros, sólo falta que te des cuenta que estás viva. Boté y cerré el juego con un siete de pica en un montón nauseabundo. |