He visto a féminas caminar con las manos aferradas por los pasillos, he contemplado a maestros ofreciendo discursos de democracia que nunca han practicado, he oído murmullos de autoridades fantasmales morir en su propio eco, he mirado desde escondites perpetuos el sangrar de heridas adolescentes, y es más, he sentido el dolor de mis lágrimas oxidadas y sangrientas evaporarse entre prejuicios, y me he estremecido en medio de sonrisas cómplices de niñas que comienzan a ser mujeres.
Todo este eterno calvario es lo que mustiamente atravesamos a diario sin que nuestros gritos sean escuchados.
Sylvus |