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Inicio / Cuenteros Locales / Tonificante / ELLA

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PARTE UNO

De pequeño he tenido muy presente el sentido de la responsabilidad. Era un niño alegre pero organizado, de los que guardan sus ahorrillos en una hucha. En la escuela destacaba gracias a estas características que no me atrevo a llamar virtudes. Hace poco leí una entrevista al chico con la mejor nota de Selectividad, un 9,8. El chaval decía que no tenía novia y, al contrario de lo que sugería el entrevistador, concluía que sacar unas notas excelentes no le abría ninguna puerta en el campo de las conquistas femeninas. Coincido con él, creo que esto es así, sobretodo en la adolescencia. Cuantas veces se nos ha tachado de empollones y hemos visto como la chica que nos gustaba se iba con el macarra del curso, casualmente la antítesis en el aspecto académico (o sea el de los 10 suspensos)?. A pesar de no ser muy popular me mantenía en mi línea. Pensaba a menudo en mi futuro y me tomaba muy en serio lo que hacía cada día para ser mejor y llegar donde me había marcado. No quería defraudarme y realmente quería llegar sin bajar el listón ni un milímetro de donde lo había dejado al principio. En éstas estaba cuando murió mi abuelo. No recuerdo quién me dijo que desde los cielos mi abuelo vivía aún y nos podía ver. Esto, lejos de reconfortarme, me dio miedo. Cada cosa mala que hacía creía que era censurada por mi abuelo y así poco a poco dejé de hacer trastadas. Mi abuelo aparecía en mis sueños-pesadillas.
Así que no es de extrañar que un poco más mayor como si me sintiera un caballero medieval tuviera el siguiente pensamiento. Pensaba en ELLA, mi chica, la mujer de mi vida. Prometí que haría méritos para ser digno de ELLA. En cierto modo aún tengo esta idea. No le pongo rostro ni nombre. Está ahí, esperándome. Intuyo sus rasgos, lo que debe tener y lo que no. Su personalidad, carácter… No la busco pero estoy atento a sus señales, está ante mi y se que aparecerá una sóla vez. Claro que me puedo enamorar de varias chicas al largo de un periodo de tiempo más o menos largo. Pero no es lo mismo... el AMOR llega una vez, creo. Pero siempre me asalta la duda de no estar a la altura o que LA deje escapar... o que no le guste. Siempre digo que el amor es como los juegos de mesa: "Minimum two players" (y máximo también). Si el otro no participa de tus sentimientos hay un problema. Hay que estar muy equilibrado para sobrellevar este contratiempo, de otro modo hay que aceptarlo, hay que cuidarse. Soy consciente que esta forma de ver el AMOR no es la más corriente. Más bien la gente cree que hay millones de candidatas y que el mundo no se acaba porque una te diga que no. Yo me resisto a pensar así. Es mucho más romántico pensar que hay una media naranja pero no sólo lo creo porqué sea más romántico, claro. Supongo que tiene que ver con la pasta de la que cada uno está hecho. Hay gente más práctica que otra, gente más soñadora que otra. Cada uno lo ve de una forma. Unos escuchan su corazón, otros su cabeza, otros se debaten entre una y otra. Se que he escogido un camino sin retorno, un camino difícil, pero bonito... yo lo veo así.

***
PARTE DOS Y TRES [Fragmentos de "El Alquimista" de Paulo Coelho]

En medio del desierto del Sahara había un inmenso oasis. El chico no podía creer lo que veía: en lugar de ser un pozo rodeado de palmeras- como había leído en algún libro-, el oasis era mucho más grande. Tenía tres cientos pozos, cincuenta mil palmeras y muchas tiendas de mil colores esparcidas por todas partes. Una mañana, en búsqueda del Alquimista (le ayudaba a encontrarlo a su amigo inglés) vio aparecer una chica que no iba vestida de negro. Las mujeres vestidas de negro estaban casadas y era costumbre no dirigirse a ellas. Así pues, el chico se acercó para preguntarle. La chica llevaba un botijo encima de sus hombros y la cabeza cubierta por un velo pero no tenía la cabeza tapada. Entonces, pareció que el tiempo se parase y el Alma del Mundo surgiese con toda su fuerza delante del chico. Cuando le vio esos ojos tan negros y los labios indecisos entre una sonrisa y el silencio, comprendió la parte más importante y más savia del Lenguaje que hablaba el mundo, y que todas las personas de la Tierra podían entender desde el corazón. Eso lo llaman Amor, algo más antiguo que los hombres y el desierto. Finalmente, los labios se decidieron por la sonrisa, y eso era una señal, la señal que había esperado toda la vida sin saberlo, lo que había buscado en las ovejas, libros, cristales y en el silencio del desierto. En ese momento, lo único que comprendía el chico era que estaba delante de la mujer de su vida, las palabras no le hacían ningún servicio, ella también lo sabia. Estaba más seguro que de cualquier otra cosa en el mundo. Sus padres y abuelos decían que se tenía que conocer a la persona, prometerse, tener dinero y luego casarse. Los que decían todo esto quizá no habían conocido nada del Lenguaje Universal porqué cuando te sumerges en él es fácil entender que, en el mundo, siempre hay una persona que espera a otra, bien en medio de un desierto, bien dentro de una ciudad. Cuando el camino de éstas personas se cruza y sus ojos se encuentran, el pasado y el futuro pierden toda la importancia y sólo existe aquél momento y la increíble certeza que todas las cosas que suceden bajo el sol han sido escritas por la misma Mano. La Mano que ha desatado el Amor y ha creado una alma gemela para cada persona que trabaja, descansa y busca tesoros bajo el sol. Sin todo esto los sueños de la raza humana carecerían de sentido. Le preguntó como se llamaba, Fátima, y dónde se encontraba el Alquimista. Al día siguiente el chico volvió al pozo a esperar a la chica. No mucho después la vio aparecer. - He venido a decirte una cosa muy sencilla- le dijo el chico-. Quiero que seas mi mujer. Te quiero

***

A la chica se le cayo agua del botijo. - Te esperaré aquí cada dia. He cruzado el desierto en busca de un tesoro cercano a las Pirámides- añadió. - Nuestro pueblo está en guerra, ésta acabará algún día, los guerreros buscan tesoros. Las mujeres del desierto estan orgullosas de sus guerreros-dijo la chica. Llenó su botijo y se fue. El chico le explicó día a día que había hecho de pastor y el resto de su historia hasta llegar al desierto. Se hicieron amigos. Excepto los quince minutos que pasaba con Fátima, el día se le hacía eterno. - El segundo día que nos vimos - le dijo Fátima un día- me hablaste de tu amor. Después, me enseñaste cosas bonitas, como el Lenguaje y el Alma del Mundo. Todo esto hizo que al cabo del tiempo yo ya formara parte de ti. El chico escuchaba su voz y la encontraba más bonita que la brisa del viento en las hojas de las palmeras. -Hacía mucho tiempo que te esperaba en éste pozo. No me puedo acordar de la Tradición y la manera cómo los hombres esperan que se comporten sus mujeres. Desde pequeña soñaba que el desierto me daría el regalo más grande de mi vida. Finalmente éste ha llegado: eres TU. Me has hablado de señales, de tus sueños. A nada temo porque han sido estas señales las que te han traído aquí. Sigue tu misión, tu Leyenda Personal. Sigue en la dirección que habías tomado. Nuestro amor quedará igual. Si formo parte de tu Leyenda, un día volverás. El desierto se lleva nuestros hombres y no siempre nos los devuelve. Estamos acostumbradas a ello. Pero ellos existen en las nubes sin lluvia, en los animales que se esconden bajo las piedras y en el agua. Pasan a ser el Alma del Mundo, forman parte de todo. Algunos vuelven. Entonces todas las otras mujeres se ponen muy contentas, porqué es posible que sus hombres también vuelvan algún día. Soy una mujer del desierto y estoy orgullosa de ello. Quiero que mi hombre camine libre como el viento que mueve las dunas. I también quiero ver mi hombre en las nubes, animales y el agua. El desierto adquirió una tonalidad rosada con la luz crepuscular. El chico sintió un deseo de ir más allá para ver si el silencio podia responder sus preguntas. Caminó sin rumbo un rato, siempre con las palmeras a la vista. Escuchaba el viento y sentía las piedras bajo sus pies. Más tarde se sentó en una piedra y se dejó hipnotizar por el horizonte que tenía delante suyo. No comprendía el amor sin el sentimiento de posesión, pero Fátima era una mujer del desierto, libre, y sólo el desierto se lo podía enseñar.

Texto agregado el 22-01-2005, y leído por 95 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
2005-02-01 18:46:38 Me ha parecido también muy interesante. Yo también creo como tú que sólo existe un auténtico AMOR y lo difícil en la vida es si, como dices tú, ella no siente lo mismo. De todas formas, si forma parte de mi Leyenda Personal, volverá... riconfortant e
 
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