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EL LADRAR DE LOS GATOS
Es Domingo y el día esta estúpidamente claro, todavía existen algunos soñadores como Julio (o Luis) que esperan fervientemente que los rayos de sol se disipen y dejen de realizar ese efecto de iluminación dándole a los hombres un medio por el cual les gusta desenvolverse, la obscuridad, la penumbra, el todo y la nada.
Aproximadamente son las tres de la tarde, hora en la cual un grande ya había señalado es una hora absurda pues siempre es demasiado temprano o demasiado tarde.
Este es el día privilegiado de la semana, pues es el día en el cual los trabajadores pueden vociferar a los cuatro vientos sobre las injusticias de sus jefes (siempre y cuando no sea fuera de los cuatro muros de “sus casas”), es la fecha en la cual los jefes dejan atrás esas obligaciones que los encierran en el mundo de la clase sobresaliente (solo hoy) y se convierten en el tipo de personas con las cuales todos querrían tratar ya que mañana indudablemente deberán regresar a su silla gerenciál, su silla de todo poderoso. Es el día en que las únicas supuestas obligaciones que todos contraen con su religión pueden ser olvidadas y desobedecidas, puesto que nadie quiere ni pretende conocer su dogma pero eso si; siempre están dispuestos a morir por él.En fin es el día en que todos se convierten en personas importantes.A Julio (o Ernesto) le gusta su ciudad tan llena de recuerdos, de historias, construcciones que evocan a un pasado glorioso del cual pocos quieren salir. “Sí del pasado”.
Son las 3:25 p.m. y las suplicas de Julio (o Demian) empiezan a ser escuchadas, el no sabe si orando mucho puedan llover ratones ó gatos, dinero ó solo lluvia pues como dice Jibran Khalil Jlibran “Así esta escrito” la única cuestión es solo orar mucho, y entonces Julio (o Rubén) ora.Aquí va Julio (o David) el vagabundo, el loco, el lobo, el incomprendido, el odiado. Aquí va solo, meditabundo, absorto entre la vida que sin preguntarle el ¿qué? O ¿por qué? Solo sigue sucediendo y nosotros sin quererlo seguimos viviendo.En una esquina se ve reflejado en un aparador, riendo como Garrik y tan solo como él. Un vestido lo deja aturdido ciñe el cuerpo escultural de una señorita de unos aproximadamente 26 años, piel clara, cabello castaño, ojos profundos; el vestido es color verde, con un escote prominente, marcando descomunalmente las caderas y va acompañado de un cinturón blanco que hace juego con las zapatillas ¿pero? ¿Qué tiene ese vestido? ¿Por qué ha robado la atención del pobre Julio (o Julián)? ¿Será el recuerdo de una amada? ¿La comprensión lógica o ilógica de una sociedad acabada? Ó simplemente el descubrimiento de que se ha quedado estancado en una década que no es está y a la cual quiere no pertenecer.Debe ser una conjunción de todas estas interrogantes lo que ha hecho que nuestro Julio (o Fidel) solo pueda contemplar y no comprender ese vestido verde.
5:00 p.m.
Las manecillas del reloj siguen marchando, siempre tan torpemente, de derecha a izquierda, sin querer detener el tiempo, como un niño que no sabe hacia adonde anda, como un obrero que no sabe para quien trabaja, como una piedra que es lanzada desde lo alto de un risco, siguiendo siempre la misma trayectoria pero que en algún momento por fin se detiene.Las necesidades lo obligan, debe saciar sus sensaciones, quiere comer, quiere dormir, desea estrechar una piel suave y seductora, quiere consumir su vida sin preguntarse hasta cuando y para ello solo tiene que hacerlo.Para comer solo tiene que llegar a la fonda que anuncia comida corrida en la calle de enfrente, para dormir bastará con la banca del parque y la necesidad de esa sonrisa que anhela y ese beso que mitigue sus libaciones podrá ser curada en la calle 8 donde por monedas miserables solo tendrá que entregarse en la cama del burdel.
6:17 p.m.
La casa de la calle 6 y avenida 2 encierra tantos gritos y otros tantos murmullos y quejidos que son tan poco escuchados y atendidos por el hecho de que solo pertenecen a esa casa, pero Julio (o Jorge) pasea por ahí y en ese momento se convierte en parte del inmueble, de ese edificio que con sus lozas rotas y sus paredes despintadas alberga a tantos niños, a tantos jóvenes que un día sin lugar a duda se convertirán en un Julio (o en un Todos), es por eso que él entra y observa, escucha como Paco avienta la pelota y como Juanita llora por que tiene hambre. Percibe ese olor de inmundicia que es característico de las casas del centro convertidas hoy en patios de vecindad. ¡Hay! Suspira Julio (o Andrés), ¿Qué dirían los diseñadores de estos espacios si vieran que hoy son solo burdos del proyectos original?Julio (o Luis) nota el comal encendido, la silla de madera que alberga a la comadre que pone la olla de champurrado, pues es la hora de vender, ya sea la cena ó el último trozo de dignidad que le queda a doña Lola pues ve tristemente como José su esposo se encuentra tirado en la cama con olor a ron barato. Es el momento en que todos en ese edificio pierdan la dignidad, la oportunidad de buscar una vida mas justa y entregarse en brazos de la monotonía.
7:43 p.m.
Esta obscuro ya, las almas tristes han encontrado el lugar propicio para salir y hallar un poco de confort en esta penumbra.Julio (o Sérgio) deambula tan tranquilamente, percibe cada vez mas y mas esa sensación de compañía que tanta falta le hacia, aunque sigue estando solo.Pretende girar, no sabe si debe o quiere hacerlo, es hora de recorrer lo ya recorrido, de buscar un final propicio para este domingo que tantas lisonjas le ha hecho escuchar de su yo interno. Gira más no hacia el punto donde penso que lo haría, y poco a poco toma la dirección que sabe no debe recorrer.
8:26
La noche se encuentre despertando y a su paso nace el recuerdo de un Domingo pasado y la espera consecuencia lógica de un Lunes próximo donde Julio (o Esteban) dejara de ser Julio (o nadie) y se convertirá en el encargado de máquinas, donde sus sueños se encierran hasta el Domingo próximo cuando podrá ser otra vez Julio (o tu), el Julio (o Julio) que tanto añora ser.
12:00 a.m.
Lunes
FIN
Texto de golem agregado el 22-01-2005. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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