180 pesos en mi bolsillo, el último cigarro en mi boca, y mi Alma esperandome en su casa.
Siento que he muerto varias veces, pero las más cercanas son las muertes tras el hielo de su puerta nocturna. El último cigarro de cada noche bajo el calor de mi abrazo. Ese beso furtivo que ataca sin remordimiento.
He de decir que no nos soltamos desde año nuevo, pero Kubrick marcó la diferencia con su resplandor particular, mi estrecho sillón también hizo su parte, y quizá la cerveza dio su apoyo, pero el calor de sus labios llegó para quedarse, aun lo siento cada día, cada vez que pienso en ella.
He encontrado mi Alma y tengo miedo que todo sea lo mismo. También las quise, también la luna estaba en lo correcto, también las risas se igualaban.
No quiero una historia repetida, cansa, cansa mucho.
No quiero perder esos ojos, esa mano escondida, ese beso explosivo, esos cuerpos pegados a través de la ropa en un suave desliz del calor humano.
Pienso, todo el día pienso y la cobardía me carcome. No quiero dar, por miedo a no recibir, que egoista.
Pero es otra cosa, quiero dar sin recibir mucho, pero no desaparecer. Quiero entregarme completamente, quiero decirle que la quiero, que trastorna, la pienso, la sueño, me hipnotiza sin mirarme, me calienta la sangre. Pero las palabras no salen y me alejo en su mar de cariño.
Una tras otra las imágenes catódicas desfilan lentamente, pero solo tengo ojos para ella.
¿Enfermedad?.
¿amor?.
Nos reimos, y yo callo.
No se que decir.
Pienso en ella, y no me detengo nunca más. |