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TARDE DE PAYASOS EN LA PUEBLA

Lo fantástico de esa tarde no residía en que el mundo siguió girando y las estrellas lentamente se posaran sobre el firmamento, tampoco encierra lo divino la música del organillo que inundaba las torres centenarias de aquel zócalo magistral.

Era increíble ver como sus pasos acortaban la distancia entre la periferia de la ciudad y aquel centro esplendoroso, cómo en la antesala de la noche de San Juan, los faroles iluminaban tenuemente las calles y el murmullo de la gente se hacía uno con él, los globos adornaban las aceras, el artista ambulante se iba multiplicando produciendo el deleite de los transeúntes, las familias se arremolinaban entre escalones sucios y millares de palomas que tiernamente comían de sus manos y grupos incontables preparaban su acto.

En una lejana esquina separada apenas por algunos pasos las caras se iban pintando y las voces se acompañaban de silencio, el acto constaba de solo de movimientos torpes de manos y piernas que producían arte; de pantalones cortos y mallas de líneas negras, sus alegres sonrisas fingidas y de un público deseoso de una buena tarde.

El repiquetear de las campanas invitaba a misa y un cúmulo de feligreses se alejaba del placer terrenal y se dirigían a lo que por milenios las familias han catalogado como sublime. Dios esperaba pacientemente a la puerta de la iglesia y su trabajador ya lucía su sotana nueva junto con el regaño impreso en una nota que reposaba sobre su mano izquierda.

Bailes exorbitantes en los jardines del parque excitaban a una juventud desenfrenada que deseaba gritar que eso era su arte, el olor a domingo acompañado de típicos platillos regionales se dejaban encontrar en el ambiente; las cajas se cerraron y un silbato dio comienzo a la función.

Silencio, movimiento, ausencia de palabras y las risas iban brotando de cada cuerpo, la gravedad se hacía presente y los cuerpos se derrumbaban produciendo aún más sonrisas.

La interacción con los jefes de familia entusiasmaba a los hijos que veían a su héroe compartir el escenario con esos seres mágicos y su actuación les parecía fabulosa, el suave caramelo de las manzanas se escurría por las manos y perdido en la muchedumbre un pequeño lloraba.
La grata contemplación de los güeritos daban ánimo a ese sexteto de mimos y sus figuras se imprimían en modernos artefactos fotográficos, el telón inexistente descendía lentamente y las boinas percudidas giraban en torno al notorio y conocedor auditorio.

Un silbatazo mas y los espectadores se disolvían dejando lugar a otros tantos que se aproximaban nuevamente a ver a tan singulares personajes.

San Juan había llegado y las puertas de la iglesia se cerraban, entre lunas y estrellas ya el rostro se retocaba para dar nuevamente paso a la función.


Texto de golem agregado el 31-01-2005.
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