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Curso de pobreza

Lamentablemente cada vez se escucha menos Pobre, pero honrado. Más en boga está indigente, pero resentido. Hoy un pobre tiene muchas más papeletas que antes para ser mala persona. Utilizan como coartada la insipidez de su vida para justificar a la envidia como su única y necesaria compañera de viaje. Todos sabemos que los pobres de hoy en día son mucho peores que antes, a parte del desastre estético de las latas y uralitas en sus chavolas nada que ver con las entrañables chozitas de barro y paja-, no terminan de aceptar que son un residuo de un sistema, la basura producida por una necesaria máquina que produce el bienestar de unos pocos. Estos necesitados de hoy en día, incapaces de aceptar con humildad la vida que les ha tocado vivir, intentan huir de su estatus para intentar trepar por la pirámide de Maslow sin ningún tipo de reparo. Esta actitud irresponsable desequilibra un sistema social y económico que se ha demostrado a lo largo de la historia es el mejor, sin ser perfecto, que se ha inventado.
El problema no tiene una solución fácil. Han fracasado ya los cientos de planes de integración y donativos. El error de base de esos planes es obvio: pretenden eliminar la pobreza. Objetivo imposible de antemano. Por cada pobre que elevas a la calidad de ciudadano medio, el sistema produce cien mil.
Mi propuesta es sencilla. Simplemente consiste en hacer explícita la información que implícitamente ya los políticos, estados y medios de comunicación nos proponen: la resignación.
A los pobres se les puede enseñar a no desear una mínima dignidad humana igual que el ciudadano medio ya está educado en no desear yates de lujo, ni a comprar en tiffany. Pero no se puede eludir la responsabilidad de esta tarea, y dejarla en manos de publicistas y estados. Propongo, por tanto, la creación de un comité internacional que asuma la tarea de inocular la resignación en las clases más desfavorecidas.
El plan de choque podría consistir en unos cursos masivos. Los cursos de pobreza, se llamarían.
Otra cosa diferente será discutir el precio, si los cursos son demasiado caros, los consumidores preferentes, tal vez, encuentren una pequeña dificultad en acceder. Creo que ciento cincuenta dólares sería un buen precio de salida.


Texto de larsencito agregado el 31-01-2005.
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