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EL ENCUENTRO

Muerte palabra dulce y bonita que suena como a cajita de música celeste.

Estaba cansado, agobiado, exhausto, los zapatos apretaban, el pantalón sucio se deslizaba y se postraba sobre el suelo, junto al taburete se encontraba un cenicero infestado de colillas , una taza de café se cubría ya de hongos y por el espejo roto se mostraba una dualidad en su rostro, la mano acariciaba la barba de varios días ya mostrando, como todo el entorno, simple y llana suciedad.Sobre una silla carcomida depositó su cuerpo, la molestia física era opacada, casi olvidada por el dolor del alma.

-¡Te espero!, tengo años esperándote, mejor dicho ¡te reto! Te exijo que vengas, que impongas sobre mi tu mano, que juegues y acabes con mi vida, te invito a que te diviertas con mi desenlace-

Aquel grito irrumpió el ambiente, algo sumergió de la nada, por los cuatro extremos el humo invadía y agobiaba el pequeño cuarto, comenzaba a cimbrarse cada uno de los muebles, el rostro de la muerte se empezaba a distinguir, un manto largo de color negro, que brillaba como carbón, se elevaba manifestando un cuerpo gigantesco, imponente, la figura de Fermín era minimizada pero la ira, la frustración y el deseo de venganza le exigían no doblegarse y fue así como después de la llegada Fermín tomó un segundo aliento.

-Has llegado, por fin te atreves a visitarme, después de tantas burlas e invitaciones por fin asistes a mi llamado.-

Un aire frío corrió levemente por la ínfima habitación, nació así de aquel ser estas palabras.

-¿Por qué aclamas a quien todavía no te desea? ¿Por qué exiges modificar el destino? ¿Por qué tu altanería intenta ponerte a nivel de dioses y hacer lo que ellos hacen?¿Sabes ya tu lo que te espera?-

Los ojos de Fermín se llenaban de sangre, todos sus músculos se tensaron ¿Cómo era posible que ella le formulara esas preguntas? Un impulso lo llevo a querer golpearla; la muerte suavemente giró y ni siquiera pudo ser tocada la vestimenta, pronunciando una irónica risa aquel espectro continuo su cuestionamiento, la voz tétrica se seguía escuchando.
-¿No me tienes miedo?- Se iba a formular otra pregunta cuando de la boca de Fermín surgió un grito -Basta, te has llevado todo, me has apartado de cada uno de mis seres, lo has hecho sin compasión, uno a uno, no he podido reponerme, cuando necesitaba un suspiro has llegado nuevamente martirizándome, burlándote de mi dolor, y ¿aún te atreves preguntar que si te tengo miedo?- Con pausado movimiento la muerte iba recorriendo todo el escenario rondando la silla donde Fermín inconscientemente se volvía a sentar.

- No quiero ser dios, solo imploro justicia, llevadme con los míos-
-¿Quién eres tu? Que retas, exiges e imploras a un dios sin saber quien o que soy yo.-
-Piedad, apiádate de mi y de mi dolor- Una vela fue encendida, de su llama aparecían conocidas imágenes, súbitamente la luz se apago.

-Lo que has visto es lo que fuiste, ¿Quieres ver lo que serás?-
-No, quiero dejar de ser, quiero reencontrarme con lo que me has quitado-Otra vela comenzó a emitir luces e imágenes-No, no me muestres-

Los ojos de Fermín se cerraban, volteando la cabeza intentaba alejarse de su futuro –Tocadme con tu daga, con tu poder ¡Piedad!-

El rostro de su hijo se hizo presente ante ellos=Papá, ven, ven conmigo = Muy lejana se escuchaba esa voz
=Papá, quiero verte =
Cada fibra en el cuerpo de Fermín se estremecía, él anhelaba ese encuentro.
-Medita lo que quieres, el poder que de mi emana te quiere mostrar más-
=Fermín, amado, no es tu hora, ¿Dónde están tus sueños, tu ilusiones?=

Era ella, era Laura, su mujer su amada. ¿Qué hacer? La sangre llama, el amor exige, se abre una disyuntiva y no se encuentra la respuesta.La locura se hizo presa de él, detestaba la tranquilidad que la muerte manifestaba, pausadamente aquel dios tocó el espejo y tumbo un pedazo de cristal, un rayo destelló frente a los ojos de Fermín.-La elección es tuya-Fueron fracciones de segundo lo que tardo en desaparecer, no quedaban rastros de su presencia, su olor se había ya disipado y fue entonces cuando él cercenó gran parte de su cuello.
En aquel oscuro rincón rondó un ambiente de tranquilidad, una gran sonrisa se formó en su rostro.Ya a lo lejos caminan la muerte y Fermín, sin reproches, como grandes amigos.Por aquel largo sendero se empiezan a distinguir el rostro de los suyos.


Texto de golem agregado el 31-01-2005.
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