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angustia El humo en los pulmones lo ayudó a tranquilizarse y el calor de la brasa le permitió detener el ya mencionado temblor de sus manos, pero le era inadmisible la sola idea de borrar de su conciencia la voz de Cristóbal y aquel verano del setenta y siete en Cartagena. Todo volvía a su mente con tal nitidez, que pudo por vez primera, analizar el asunto con una sagacidad imposible de postergar, como si de un instante a otro los pasillos de su memoria hubiesen sido iluminados por una blanca y fría luz, instaurada para derrotar al sol y encandilarle los ojos a Dios. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |