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Daños a Terceros
Daños a Terceros
No se que hacer con esta inquietud que siento, ahora no me queda más que hacer mi trabajo, pero cuando recuerdo su cara de espanto y disolución se me parte el alma, “¿Qué será capaz de hacer?”-me pregunté en mi cabeza- Mientras daba vuelta la cabeza viendo como se subía al auto de un desconocido
Aquí estoy, un día después de vender mi cuerpo a un extraño. Algunos nos miran de reojo otros marcan una especia de cruz a la persona, sin embargo de todas las discriminaciones a las cuales me veo oprimida no encuentro ninguna válida, no entiendo que daño le hago a la sociedad, si al final todos nos prostituimos de alguna u otra forma, algunos en el trabajo haciendo algo a que no les gusta, si hasta los niños lo hacen poniendo una cara bonita para que sus padre les de dinero, no logro encontrar el motivo para que miren mal a los que venden su cuerpo, es tan malo como los otros casos.
En la mañana fui a la casa de Richard, quien era una especie de amigo con quien podía conversar y también me suministraba de droga.
- ¿Qué tal?- preguntó con frialdad-
-Bien, aquí feliz con mi vida, aunque algunos me la critiquen- dije bostezando-
- ¿Y tu hermana cómo se encuentra?- haciendo un gesto para que me siente en uno de sus sillones-
- Ahí esta en la casa, cada día la veo más rara, desde que pasó el accidente la veo deprimida, sin embargo estos últimos días la he visto peor-
- Piensa igual que con sus diecisiete años y la muerte de sus padres hace tres años tiene que tener una tormenta en su cabeza-me dijo con nuevamente en su tono calculador-
- Bueno un día de estos hablo de esto con ella nuevamente- dije terminando la conversación- Dame una bolsa chica de coca por favor, todo lo que pueda comprar con 6 mil pesos-
- Toma ya la tenía hecha para ti sabía que ibas a venir hoy día-mientras me iba dirigiéndome a mi casa.
Llegue a mi casa sin haber dormido en ella, pero cuando entre a ella escuche algo que me inquieto. Subí las escaleras escuchando llantos incontrolados de parte de mi hermana, a ella siempre la quise aunque no me preocupara nunca de ella y de su vida, sin embargo nunca la había escuchado llorar de tal forma, no eran llantos que se oyeran fuerte sino eran llantos de dolor y disolución eran llantos que llegaban a mi corazón pidiendo algo, ese algo que tal vez no estaba lista para escuchar.
Luego intente hablar con ella, pero solo sus llantos me respondieron, mientras me miraba a los ojos pidiendo misericordia y con su corazón partido. No encontré nada mejor que dar media vuelta y dirigirme hacia mi pieza donde me pregunte el por qué estaba así, pero no logré encontrar la respuesta o simplemente no quise.
Esa noche, la nostalgia y la incertidumbre me acompañaron, luego fui a hacer mi trabajo, estaba con una inquietud e inseguridad que no me podía quitar, lo único que podía ver era el recuerdo de esa imagen en la cual mi hermana lloraba pidiendo algo, en ese momento giré la cabeza y la vi subiéndose al auto de un desconocido
Nicolás Bobarán
Texto de bolbaran agregado el 23-07-2003. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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