EL orangután
Corro en un cerro sin cresta, con árboles pero pequeños, todos verdes y florecidos. Me detengo porque mi cansancio se impone contra mis deseos de seguir y seguir…
La respiración es entrecortada, y se mezcla con fugitivos pensamientos…
De repente, un movimiento de inercia me levanta y me empuja hacia adelante, la gravedad me tira hacia abajo pero mi equilibrio lo impide y sigo…
Esta vez camino y trato de acordarme como llegue allí. Mi memoria es momentánea, seria ilógico compararla con las de los elefantes, sin embargo es un defecto que niego, y no es el único, lo admito; existen tantos otros, que me olvido, solo cuando la vida me los enfrenta me acuerdo, pero de nada sirve porque nuevamente lo aíslo de mi cabeza.
Caigo nuevamente en la hierva amarilla, parece que ya corrí demasiado no tengo idea de hace cuanto estoy moviendo las piernas. Pero me gusta.
Los muslos me pesan, va; todas mis extremidades, sin embargo es un dolor que gozo.
Pienso que la sociedad llama defectos a mis virtudes. No entiendo, cansa entender y toda respuesta te condiciona. Debido a mis limitaciones naturales es una ventaja.
Se hace de noche y refresca, que lindo cuando el ambiente te ayuda a tus deseos, y en este caso, te pega, en los pies descalzos, con la tierra del suelo.
Supongo que de estos días si me voy a acordar, mientras que cado uno tenga relación con el anterior. Cuando vuelva a casa todo habrá sido un sueño.
Mi tristeza es momentánea y no guardo rencor; soy una niña que no llora, que ríe. Nadie le busca razones a la risa pero si al llanto. Como si lo “trágico” seria mas interesante. A tus lágrimas puedo admitir la pena, pero los celos a tu feliz los guardo. Total nadie analiza mi hipocresía.
Ahora veo la carpa, ya terminaron de armarla.
“Una mujer que prefiere lavar la mugre de un inodoro que clavar el toldo” me regaña el dueño, si importancia voy a mi camarín.
Hoy es el gran estreno, pero tan pocos son mis nervios que en mis horas de meditación y calentamiento en el predio no los evocaron.
El rito del maquilla es un entrenamiento más, son pocos los minutos para pintar mi verdadera cara, es poco el tiempo para imitar un realidad, la verdadera…
Las semicorcheas de respiración ansiosa, de público especulante, agitan a este corazón llenos de deseos.
“Como la primera función y la ultima”; creo eso ya es un principio.
Después de las trompetas viene mi acto, tres, dos uno ¡ya! Como un ave paso de mi trapecio a sus manos y hago un baile asombroso en el aire.
Otra noche termina, no sé cuantas quedan, ni cuantas pasaron, solo quiero seguir volando, como lo hago en mis sueños, en la que me balanceo de una rama a otra, como un orangután. |