Invocamos un sueño sobre este colchón de corales. Vos reís y me llamás loco; ¡no somos más que dos amantes navegando en un mar de sábanas tibias!. Ponés tu mano sobre mi boca y susurrás a mi oído palabras que arrastra la brisa. Yo te descubro y comienzo a recorrer la fabulosa geografía de tu cuerpo desnudo. Tus pechos que son colinas de dicha; tu pubis, ese suave valle de ensueño; tus piernas, que el tiempo forjó como una cantera dorada. De pronto comienzo a subir a la tierra prometida de tus labios, a las costas de ese tormentoso oceáno que habita en el fondo de tus ojos.
Las sombras cubren el cuarto e invocamos otro sueño, mientras estas líneas esperan en el éxtasis de la noche. |