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En la noche y la tormenta El agonizante sol del ocaso arrancó destellos escarlata de las escamas del gigantesco dragón, mientras una bocanada de fuego brotaba esporádicamente de sus fosas nasales, resecas y moldeadas por los siglos de flama y humo. Sus alas se extendieron como un manto gigante cubriendo el cielo, pero eran tan viejas que aún dejaban pasar algo de luz a través de los diminutos poros que el tiempo había esculpido con tanta paciencia. Con un rugido desgarrador hizo temblar los páramos más lejanos y el aire se tornó espeso y pegajoso. Los ojos ambar se fijaron, entonces, en la diminuta figura que yacía a sus pies. A poca distancia, insignificante, el guerrero-mago robó un silbido de la vaina de su espada curva, mientras ésta emergía en una explosión de plata. Con voz trémula comenzó a balbucear unas palabras inintengibles y el iris de sus ojos se convirtió en una luz relampagueante que hizo llorar al cielo. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |