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Inicio / Cuenteros Locales / dehumanizer / La nueva balanza del mundo ® (Dedicado a Amay/rany)

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No necesitaban formarse haciendo rondas en el patio, eran los demás los que giraban alrededor de ellos como satélites naturales.
Tampoco precisaban buscar la perpetuidad de sus nombres escribiéndolos en las estructuras del colegio, de eso ya se habían encargado largamente todas sus compañeras, incluyendo como panteón el inexpugnable baño femenino y extendiendo el santuario de adoración a todas las paredes del vecindario.
En la hora de gimnasia dominaban a la perfección cualquier elemento esférico utilizado, y si el deporte era el pugilato escolar, la gente que se reunía alrededor de los contendientes siempre tenía que vivarlos como vencedores.
Las lides de la seducción tampoco escapaban a su amplio espectro de dominio absoluto. Sabían perfectamente dónde robar la flor indicada y como componer el poema exacto para cada chica en cuestión (aunque hay que ser justos y reconocer que muchas veces eran dos los actos de latrocinio perpetrados para esos fines).
El Instituto Privado “JULIO ARGENTINO ROCA”, era el lugar donde reinaban, en doble escolaridad, estos personajes.
Se trataba del Colegio con más abolengo de Zárate. Su pretencioso diseño vanguardista contrastaba con los bronces añejos que adornaban las paredes. Antiquísimas promociones habían dejado su legado en este recinto y muchos de esos nombres bautizaban ahora las calles de la ciudad.
No muy lejos de la gloria de estos próceres y a años luz de los fanfarrones que yo había tenido de compañeros en la primaria, se encontraban los jóvenes héroes que motivan estas líneas.
Creo que la única alegría que el dios que rige los establecimientos educativos me ha otorgado en mi transitar por sus feudos fue la caprichosa revelación acerca de la verdadera naturaleza de estos titanes.
A medida que transcurrían los días, y sus hazañas se multiplicaban en el presente y se complementaban con anécdotas del pasado, empecé a verlos como lo que realmente eran: una logia oculta, una conspiración de seres supremos que se dedicaba a enrostrarnos a los demás sus épicos actos, sustentándose de la admiración y envidia que nos despertaban.
Consciente de que era el afortunado poseedor de un arcano secreto, obré en consecuencia: Haciéndole un guiño cómplice a Bustos Domecq, bauticé a este grupo “Las doce figuras”, y como tales empecé a identificarlos y a adjudicarles sus verdaderos nombres. El León, el Escorpión, el Centauro, el Acuario; todos empezaron a ser puestos de manifiesto por mí en el mapa del colegio.
Mientras transcurría esta ardua tarea, mis calificaciones, siempre por sobre la media, empezaron a descender pronunciadamente. Mis padres, consternados, no entendían cómo podía pasarme todo el día rodeado de carpetas y libros y a pesar de eso, seguir desaprobando materias. Lo que ellos no sabían era que lo único que realmente leía eran recopilaciones de datos sobre las figuras.
A medida que desencriptaba todo este enigma, comencé a notar que el hecho de haberlos desenmascarado me hacía erigirme en su igual. Más aún, el verlos impunemente bajo mi lupa, me hizo considerar mejor que ellos.

Desde las sombras donde los acechaba empecé a verlos como simples presas.

La primaria intención de meramente descubrirlos cambió. Mi norte se tornó un poco más pretencioso: antes del día del estudiante yo pasaría a formar parte de su selecto grupo. Me presentaría ante ellos con mis sólidos argumentos y lo único que podrían hacer sería aceptarme como su mentor.
Sólo había un obstáculo para mi proyecto: Libra. La balanza seguía escapando de mi pesquisa. Once nombres ya eran míos, pero ella todavía me era esquiva.
Respetuosamente, tuve que reconocerle en el anonimato, que era la mejor de todas mis presas. Sin necesidad de hacer muchos cálculos, deduje que esta condición me develaba a Libra como el cabecilla de todo el conjunto.
Hasta ese momento, todas las figuras descubiertas eran alumnos del último año. Las listas de 5º A y 5º B fueron memorizadas y desmenuzadas en mi cabeza una y otra vez en la búsqueda infructuosa de completar mi colección.
Pacheco y Romano, los dos últimos candidatos que tenía para ese puesto, ya se habían eliminado entre sí cuando, fruto de mi investigación, los encontré a ambos en un salón en construcción sumidos en una furiosa tertulia gay.
En ese frustrante punto muerto me hallaba hasta que me di cuenta de algo: el integrante que faltaba bien podía ser un alumno repitiente.
Ahí todo quedó mucho más claro. Eso explicaba perfectamente incluso cómo se hacía la selección y el relevo de las figuras año tras año.
Al partir de ese nuevo punto de vista, no tardé en encontrar a Libra: Héctor Aníbal Randazzi, del 4º B. Bajo su disfraz de simple fumón pelilargo se albergaba la entidad que ejercía el recóndito dominio en la miscelánea de figuras. Todos sus ex compañeros de año se reunían asiduamente alrededor de su loza de pachuli, tanto dentro como fuera del Roca.
La euforia que me provocó haber finalizado mi investigación fue inmediatamente opacada por un importante detalle que yo había descuidado, tal vez enceguecido en la persecución: el mundo solo da albergue a 12 figuras. Mi anhelado puesto como integrante de su grupo estaría disponible solo en el caso que yo reemplazara a uno de ellos. Faltaban apenas 3 días para el 21. A pesar de ese escaso lapso de tiempo, logré urdir un excelente plan para solucionar esa vicisitud y al mismo tiempo poder realizar una inolvidable presentación ante las figuras.
El lugar que decidí ocupar en su sociedad fue justamente aquel que pertenecía al que tantos problemas me había causado.
El día del estudiante iba a ser celebrado en el Club Náutico Zárate. Ése iba a ser el escenario de mi bautismo como la nueva balanza del mundo.
La noche del día 20 fue una de esas cálidas noches estrelladas donde al cielo se lo adivina azul oscuro antes que negro.
Con mi piel sintiéndose extraña ante su reciente retorno al aire libre y mientras iba silbando alegremente “preludio obsesivo”, llevé todos los elementos que consideré necesarios, al gimnasio cubierto del club que albergaría al día siguiente a todas las divisiones de mi colegio. Una vez que dispuse todo, llamé a Randazzi a la casa y haciéndome pasar por su dealer logré concertar una cita secreta. Solo cuando éste llegó pude empezar a dar los toques finales a mi propósito.
Las otras once figuras llegaron al lugar más tarde. También habían sido convocadas con diversos engaños.
Yo ya estaba esperándolos dentro del gimnasio. Con una sonrisa de franca superioridad los escuchaba afuera, sumidos en la desorientación en que se encontraban gracias a mis ardides. Uno a uno fueron entrando. Pude ver, con mis ojos ya familiarizados con la oscuridad, que ellos no imaginaban la magnitud de lo que sería mi carta de presentación.
Prendí los reflectores del lugar utilizando un alargue que llegaba hasta la cancha de básquet donde Randazzi y yo nos encontrábamos. Jamás voy a olvidar esos rostros despistados tratando de descifrar la escena frente a ellos. La ex Libra estaba a mi lado. A decir verdad, se encontraba a ambos costados. El perfecto cuadro que había logrado plasmar justificaba plenamente el trabajo que me tomó dividir su cuerpo en dos partes iguales para así poder distribuirlo equitativamente en sendas bolsas de plástico, las cuales en esos momentos colgaban de dos garfios con báscula electrónica. En los displays de estos elementos, los números cuadrados dibujaban la misma cifra: 41,300.
Ni la más ínfima gota de sangre manchaba la carpeta.
Todo era perfecto.
Con un gesto largamente ensayado, extendí mis brazos hacia las bolsas y mirando fijamente a mis invitados les anuncié con voz estentórea que a partir de ese momento me podían considerar su líder, el nuevo icono del equilibrio.
Mis futuros subalternos no respondieron a esas palabras y solo se limitaron a acercarse un poco más. Seguramente desconfiaban que ese revoltijo de carne y ropa pudiera ser la ex balanza. Anticipándome a eso, yo ya había tomado la precaución de ubicar en la bolsa ambas mitades del cráneo de forma tal que desde afuera se pudiera ver de quién se trataba. Una vez que vi que ellos estaban a punto de confirmar cuan real era todo, cerré mis ojos y esperé la ceremonia de bienvenida. Gritos desesperados, acompañados de un centenar de poco protocolares golpes que me llevaron al desmayo, obraron a modo de brutal sacramento.
El tiempo que tuve que pasar acostado e inmóvil por las múltiples fracturas, me sirvió para darme cuenta que la cobarde reacción de las figuras fue seguramente producto de su temor a mi supremacía. Eso es lo único que puede explicar el hecho de que no me hayan aceptado como su adalid a pesar de mi más que demostrado potencial.
Como sumatoria a mis pesares, una vez sanado por completo, mis padres decidieron que tenía que dejar de acudir al Roca y me transfirieron.
El colegio en el que me encuentro actualmente no es tan interesante como lo era aquel.
A pesar de todo, ya he podido vislumbrar en este entorno a otro conjunto de entes supremos queriendo mimetizarse.
Se escabullen muy bien. Creo inclusive que son mejores para eso que mis decepcionantes ex compañeros.
Aquel tipo que babea con la mirada perdida en la nada fue el primero que pude descubrir. A pesar de los esfuerzos que hace por disimular ya sé que él es la Serpiente. Ese otro que me comentó en una breve charla a los gritos que su sueño es poder comerse a sí mismo debe ser la Rata. Por ley, cerca de él tiene que estar el Búfalo.
Igual va a ser muy difícil poder hallarlos a todos; son muy escasos mis paseos por este nuevo patio.




Registrado como Obra Inédita en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, Talcahuano 618, Buenos Aires.

Texto agregado el 24-02-2005, y leído por 612 visitantes. (31 votos)


Lectores Opinan
2007-11-16 04:37:35 la mayoría de tus textos, estan dedicados a alguien. Así no vale, el y sus amigos, te van a mentir, y te dirán que es bueno. Yo te digo la verdad, no lo son. Saludos perrosalvaje< /a>
2007-01-11 00:24:00 Hola ... aquí pansando. =) amayrany
2006-12-22 05:49:09 Bueno, ahora sí, la frutilla del postre: un cuento dedicado a la responsable de mi presencia en estas páginas. Amayrany. quejas a su LDV. Estrellas, dos y media a cada bolsa, elevadas lo suficiente para no ser carcomidas por el chancho. cromascape1 963
2006-11-01 03:31:25 La habilidad consiste en no dejar que el lector reconozca ese yo bajo las máscaras que nos sirven para ocultarlo. El_Quinto _Jinete
2006-09-22 14:34:10 Bonito pasaje. Lo lei. No me sorprendió, pero valoro su trabajo :-) regina_moj adita
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