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Inicio / Cuenteros Locales / alipuso / Giordano Bruno en el Siglo Veintiuno

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GIORDANO BRUNO EN EL SIGLO VEINTIUNO*


–A ver… ¿entendí bien? –pregunta el siquiatra, confundido–. ¿Dices que existen siete universos?
–¡No! ¡Por favor! Universos son setecientos mil en total; mil por cada súper-universo. El universo en el cual tú y yo vivimos –prosigue Giordano–, en el que he permanecido encerrado tantos años dentro de esta pocilga, se llama Nebadon.
–Eh… “Nebadon”… ajá –sonríe divertido el siquiatra en una mueca nerviosa, provocada por las locuras que desde hace una semana ha venido escuchando en boca de su paciente–. Y dime, Giordano, ¿cómo me decías que fue lo del Arca de Noé?
El acusado cruza la pierna, sobre uno de los taburetes de esa habitación acolchonada en color azul cielo; viendo directo a los ojos del confesor:
–Noé simplemente tuvo la inteligencia de idear su casa con madera, sin cimientos; digamos, como un enorme cajón sellado, para que cuando llegaran las inundaciones, que en su tiempo era algo frecuente, la casa flotara, mientras el resto veía su hogar destrozado y familias enteras perecían entre la crecida del río. Digamos que Noé ideó una manera rudimentaria de mudarse de barrio sin necesidad de pagar mudanza. Todo lo demás, relacionado con esta historia, fue fantasía convertida en leyenda, por los siglos de los siglos.
–Sí… supongo que sí –responde el siquiatra; preguntándose por qué demonios le dio por estudiar esa maldita carrera–. Como aquél otro mito que me contaste sobre Lucifer.
–¡Ése no es un mito! Él aún vive, aunque no sé si logrará hacerlo por siempre. Es una lástima, se equivocó de camino, arrastrando junto con él a millones de humanos en planetas de Satania.
–¿Satania? –pregunta el siquiatra.
–Ése es el verdadero nombre de nuestra constelación. El nombre de este planeta es Urantia.
–Sí, claro…
–Tus manos tiemblan –afirma Giordano, sentándose ahora sobre el suelo relleno de hule espuma; por su parte, el siquiatra permanece acartonado sobre esa silla malabarista–; las mías aguardan la libertad.
–Giordano, tú sabes que nunca saldrás vivo de esta celda. Hay alguien que te lo impide; evitará que des a conocer tus buenas nuevas.
–El énfasis de tu última frase me hace ver que no tienes la menor idea sobre la plenitud. ¿Eres ateo?
–Soy lo que ves –responde, evasivo, el siquiatra.
–Veo a un pobre tonto que se tambalea sobre su silla y que cree conocer los abismos del humano.
–A veces creo que tú eres quien en verdad nos conoce mejor que nadie.
–No los conozco más que tú –responde Bruno–; pero sí sé el destino de la gran mayoría.
–¿Y cuál es ese destino?
–Un larguísimo sueño por no atreverse a ser. Dormirán durante largas eras, hasta que el universo intente al fin contraerse, luego de épocas de expansión. Y por cierto, despreocúpate, no existe el infierno, esa fue una entelequia retomada por los Inquisidores; ¡y de eso yo sé bastante!… ¿Sabes cuál es el origen del celibato católico?
–Mmm… no.
–Sencillo –prosigue Giordano–, tan sencillo como vil: al morir un sacerdote, sus bienes pasaban a ser posesión de la Iglesia, por carecer de familia, de herederos.
–¿Por qué eres tan complejo?
–¡Por qué eres tan terco! Basta con una actitud sencilla y valiente para evitar el sueño de los ilusos.
–¿Y qué pasa con los que evitan ese sueño?
–Despiertan a los tres días.
–¿Dónde? –sigue preguntando, a cada momento más intrigado el siquiatra.
–En los mundos de estancia de Satania.
–¿Y ahí qué hay?
–Ahí –le explica Bruno al siquiatra–, los maestros pulen al recién llegado de vestigios animales, de defectos como la postergación, la ambigüedad, falta de sinceridad, el evitar problemas, la injusticia o la búsqueda de lo fácil. Todo lo anterior, claro, dentro de lo que cabe, pues el camino es larguísimo. “Hay muchas moradas en Casa”, ¿recuerdas esa frase?
–Más bien recuerdo una tuya: “¡Cuánta piedra y tan poco Dios!”
–Bah… a cualquiera pudo habérsele ocurrido con un poco de sentido común, en la Roma del Imperio.
–¡Es una frase digna de un artista!
–¡Cuidado! ¡Mucho cuidado! –grita Giordano, para luego concentrarse en extremo, como deseando recordar nítidamente una especial atmósfera–. Créeme que para expresarme con claridad en lo que te diré a continuación, deberé bosquejar un paralelismo burdo de conceptos. Por cierto, Juan también viajó, al igual que yo, a ese lugar; pero la autoridad se sigue negando a reconocer su Evangelio Apócrifo.
–¿De qué lugar me hablas?
–¡Calla y escucha! –sentencia Giordano–. El humano posee una gama muy limitada de distinción de sonidos; y es que, aunque te parezca increíble, todavía se encuentra en evolución física, como animales que somos. El científico se ve imposibilitado de percatarse de esto, debido a su escaso horizonte de acción, tomando en cuenta los fósiles relativamente recientes, si consideramos a la evolución como lo que es realmente: un secreto muy extenso.
El siquiatra al fin logra un punto de equilibrio sobre la silla; hechizado por las palabras de Bruno; quien prosigue:

–Hay más de cien mil distintas modalidades de manipulación del sonido, el color e incluso la energía. El baile es un intento burdo, grotesco, por alcanzar armonías superiores.
–Creo que te estás aventurando demasiado en tus comentarios –se anima el siquiatra–, eso de que “estamos en evolución” –ríe jocoso–; y… ¿acaso no te gusta el baile?
–Quizás logres captar mejor lo que te provoca tanta gracia –responde Giordano, evadiendo de mala gana la pregunta del siquiatra–. Si entendieras que cada mundo habitado por seres de carne y hueso, como éste, es, por así llamarlo, el terreno de desove de las razas del tiempo y el espacio. En Satania, nuestra constelación, hay seiscientos diecinueve mundos habitados de este tipo; el nuestro es el número seiscientos seis. En estas esferas hay toda clase de humanos, desde los que no necesitan tomar agua, ni respirar o comer, hasta los de uno, dos o tres cerebros. Aquí, en Urantia, poseemos dos cerebros, los llamados encéfalos cerebrales.
–A ver –lo interrumpe el siquiatra, algo más que confuso–, ¿quién se supone que le dio el número seiscientos seis a este planeta?
–En Jerusem, capital de la constelación de Satania, hay seres que se encargan de llevar un registro de los mundos que, por medio de la evolución natural, al fin logran la aparición de animales que pueden darse cuenta de su situación individualizada y rudimentariamente emocional.
–¿Y cómo se dan cuenta de eso?
–¡Cómo quieres que te lo explique! ¡Tendrías que estar conmigo, allá!
–¡Dónde, Giordano! ¡Dónde! –se excita el siquiatra.
–Te pido que me escuches; aunque de nada valga lo que diga. No tendría el menor sentido que el orbe me atendiese ante tanta mediocridad.
–Te escucho –lo invita el siquiatra, más calmado.
–Mira, los verdaderos padres del humano, en este mundo, se llamaron Andon y Fonta; fueron los primeros en aprender a lanzar piedras y servirse de garrotes al pelear, así como púas punzantes de roca, piedra y hasta hueso; las ataban con tendones de animal.
–¿Y dónde está escrito lo que dices?
–¡Qué quieres que te responda! ¡Allá!... El gran logro de Andon y Fonta, macho y hembra, respectivamente, fue percatarse, con vaguedad, de que eran algo más que meros animales; llegando el momento en que decidieron evitar aparearse con sus primos inferiores de tribus simias.
–Bueno, dime una cosa –esforzándose el siquiatra en hilar sus ideas–, ¿quién provocó en… Andon y… Fonta que decidieran no aparearse más con simios inferiores?
–¡La simple evolución! La evolución siempre progresa hasta lograr un cerebro óptimo; a eso me refiero cuando te digo que estamos en desarrollo, audible y visual: nuestro oído y nuestro ojo aún no alcanzan su plenitud. ¿No te das cuenta? ¡La evolución siempre vence!; hasta en un mundo retrasado como el nuestro, en cuarentena total por culpa del desatino de Lucifer, en Satania.
–¿Qué tiene que ver Lucifer con Satania? –interrumpe el siquiatra.
–Lucifer era el príncipe de nuestra constelación; pero ante su rebeldía, los Señores del Universo de Nebadon decidieron deshabilitarlo para promoverle un juicio; mas este hecho no pudo evitar el camino irregular de los planetas que en su momento lo siguieron en su insurrección; entre ellos éste, Urantia, provocando un camino desatinado en nuestra mente evolutiva.
–No habías mencionado que Lucifer era el Príncipe de Satania.
–Adán y Eva –ignorando por completo, Giordano, las últimas palabras del siquiatra– arribaron a Urantia, contando hacia atrás, desde el 2005, hace 37,919 años. Su fin principal era mejorar las razas de urantianos por medio del cruce normal con ellas; y no sólo Adán y Eva, también su descendencia de hijos, nietos, tataranietos, etcétera. Caín y Abel no fueron sus primeros hijos, pero sí es verdad que el primero mató al segundo; y es que Abel era muy presuntuoso, llegando el momento en que Caín cayó víctima de un ataque de ira, mató a su hermano petulante, provocativo.
–¡Quién te ha contado tantas historias! –interrumpe una vez más el siquiatra.
–¡Tercos! ¡Tercos!
–Está bien… prosigue –se rinde el siquiatra.
–Antes de llegar aquí, Adán y Eva prestaban su servicio en laboratorios de física de pruebas, en Jerusem. Esto explica que eran expertos en anatomía, en relación con las especies animales y vegetales que habitaban Urantia en aquel tiempo. Ambos se alimentaban del, así conocido entonces, Árbol de la Vida.
–¿Árbol de la Vida?
–Fue traído desde Jerusem. Comían su fruto, el cual les evitaba envejecer; pero la idea pagana de los nativos, poco a poco, fueron convirtiendo el recuerdo de aquel árbol en esa ridícula manzana que tenían prohibido probar… ¡Vaya que somos tontos!
–¡Me vuelvo loco! –explota el siquiatra.
–Ten cuidado, en ese caso serás el único loco dentro de esta celda –afirma sarcástico Giordano.
–¡Y aparte tu humor! ¡Eres grande, Giordano!; pero entiende que no puedo gritarlo allá afuera. Él me mandaría encarcelar, y no en una celda acolchonada como la tuya.
–Velo de esta manera –responde Giordano, con ironía reflejada en su rostro–, sería tu oportunidad para que tomaras un año sabático.
–¡Ni soy judío, ni sería un año sabático!; más bien décadas de neurosis sin fin.
–¡Ja ja ja ja ja! ¡Qué gusto me da comprobar lo que ya sospechaba!
–¿Qué cosa? –pregunta el siquiatra.
–¡Tu sentido del humor! Eso le baja puntos a tu testarudez… Ahora que recuerdo, el simple origen del Sabbath se basa en que Adán y Eva decidieron descansar el sexto día, a partir de su llegada a este mundo.
–¡Estoy a punto de reventar!
–¡Hazlo! ¡No te podría suceder algo mejor!
–Perdona Giordano, no me atrevo a hacerlo.
–Tu personalidad se parece a la José.
–¿Cuál José?
–José, el de María. Su temperamento era dulce, extremadamente escrupuloso. Hablaba poco, pensaba mucho. En cambio, María era alegre, siempre de buen humor y dispuesta. Nunca estaba triste, solía indignarse ante la injusticia; era liberal, incluso en ocasiones rebelde. José era trigueño de ojos negros. María rubia oscura de ojos pardos; tejedora experta y además, excelente ama de casa. Y créeme que… … …
¡Puuuuuuuuuuuuuuuuuuu! –suena ese espantoso timbre.
Se ha terminado el tiempo. El médico acomoda su corbata, se incorpora nervioso de esa silla que parece flotar. Su rostro transformándose gradualmente en el bosquejo de un puritano.
Giordano se eterniza, simplemente permanece, al observar cómo se abre la gruesa puerta metálica, saliendo de la celda la ciencia, mientras más secretos por revelar se agendan en una incógnita con fecha miércoles, once horas, mismo lugar.
Él espera el reporte de rutina en su despacho, unos cuantos metros arriba del original apócrifo de Juan.


* NOTA: Gran parte de la información contenida en este cuento fue tomada de “El Libro de Urantia”.
El autor.

Texto agregado el 01-03-2005, y leído por 334 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2007-09-23 07:59:26 genial trabajo; investigacion, historia, barbarie, en fin, paralelos ***** alexandroc asals
2006-04-09 00:02:44 Que entretenido Alipuso, un libro más a mi lista de "por leer". Me encantó el sentido del humor de Giordano. la-negra- chilena
2006-02-13 14:11:16 5***** gordopicaro
2005-05-28 01:22:57 un cuento fascinante, me recordo a filmes como K-pax... o "hombre mirando al Sudeste". ufff, eres culto, estudioso, escribes cuidadosamente tus narraciones, que atrapan de entrada! Me gusta lo tuyo, y comenzare a leerte. Eres un maestro pero te sobra humildad y falta publicidad! *********** peinpot
2005-03-14 21:11:34 Cualquiera que no entienda la locura, verdadera sapiencia, podría pensar que se trata de la historia de un loco. 5***** tobegio
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