AnalisA es una obsesesión, cuenta historias que no pueden ser, las revuelve con una cuchara en su mente y las esconde dentro de medias de seda para que se hagan invisibles. El día que la concí la invité a un café y comiendo galleticas me contó:
LA VENTANA DE ENFRETE
Relamía la cucharilla del café, como era habitual su mañana se alargaba hasta más allá del mediodía. Con el sabor dulce contrastaba su pensamiento, se sentía echa añicos, podrían recogerla con aquella cuchara, porque «el adios» que siempre le decía a las calles y cabarets se transformaban en «hasta luego» cuando en pocos días reanudaba sus servicios. Viendo los trastes sucios amontonados en el fregadero, deseó un baño, desnuda bajo la ducha restregó su cuerpo, repitiéndo: «lavar después del usar». De pronto, se sientió observada, se asomó a la ventana y vociferó:
—¡Desgraciados!¡Les gusta cucharetear en la vida ajena..! Y les mostraba el dedo medio de la mano con tosquedad.
Eran dos vejetes fisgones y un escritor descarado desde otro balcón, que estaba husmeando en su intimidad para escribir esta historia.
EL METODO EUREKA
Me habían dicho que: «es algo que no existe, no puede ser». Yo me he empeñado en encontrar una forma o un método para atrapar los recuerdos tristes.
Hace días los metí dentro de una botella y la cubrí con una media de seda negra, para que se opacaran sus reflejos, igualmente mis sufrimientos serìan algo invisible. Sin embargo, ellos son pérfidos, encontraron un modo para continuar atormentándome. Me asedian con sus voces en silencio, entonces tomo mis precauciones, cada vez que esto ocurre, agarro una cuchara y golpeo insistentemente la botella, el sonido los mortifica y se ensordecen hasta que se callan, luego puedo vivir sin verlos y dormir tranquila, sin escucharlos.
EL DUELO
En medio de la noche Jaime sintió un extraño ruido; se levantó de la cama sigilosamente y tomó el winchester. Bajó la inmensa escalera siguiendo su instinto, se dirigió hacia el salón de banchetes, justo ahí, en la penumbra, de espaldas, estaba el causante del desvelo. Le apuntó con el arma:
— ¡Quieto, desgraciado! ¡Será mejor que hagas lo que te digo!, ¡Saca las manos de los bolsillos y ponlas en alto, donde yo las vea! ¡hazlo lentamente..!
El hombre se da media vuelta despacio —con “cara de Clint Easwood”— y como en el antiguo westerns , desenfundó poco a poco las manos de los bolsillos de la chamarra, y tiró ágilmente contra su émulo las cucharas de plata que intentaba robar de aquella lujosa mansión.
QUIEN DIRIA
«¡Mira qué pantorrillas con esas medias de seda! ». Me dije al verla. «No puedo dejarla ir, presiento que puede comienzar una historia».
Después de aquella noche, desapareció, junto a las dos cucharas de plata en forma de Quijote y Sancho Panza, recuerdos de mi madre, además de mi billetera y el reloj. Después de todo, sepan que la extraño tanto y conservo su fragancia intacta.
En la televisión acaban de pasa su imagen y precisamente es mi Winona y el titular dice: « la Raider en proceso penal por Cleptómana»...¿Quién lo diría?
ODA PERFECTA
Y decidió escribir una “Oda a la cuchara” , mas no conseguía la llave perfecta para abrir su inspiración. Pasada la media noche, entre tantas cavilaciones, él, seguía con su afán de crear un mundo que exaltase tan magnánimo sustantivo y sofocado entre los innumerables epítetos, encontraron sus despojos marchitos. Fue inexplicable lo que ocurrió, en la habitación solo habían montones de hojas arrugadas, con versos incompletos dispersos en el suelo.
Después de innumerables hipótesis, Angela Lansbury, escribió sobre el móvil del asesinato: “Dado que el adjetivo cuando no da vida, mata, el occiso fue victima de... una muerte intelectual”
EL DONADOR
Cansado de ser: el “cerebro de maní, cabeza hueca, el bueno para nada,” calificativos que lo traumatizaron desde niño, decidió donarle a la ciencia su cerebro, llegada el momento de su muerte.
Los estudiantes de medicina, junto al profesor catedrático comenzaron hacer la práctica y ante sus ojos incrédulos:
- ¡No, no, es posible, esto es algo jamás visto! La materia gris está recubierta por un tejido semejante a una media de seda... Expresó confuso el profesor.
- ¡Extraño, pero cierto, la masa encefálica es invisible!, Imagino que así serían sus buenas ideas cuando era en vida. Agrega un estudiante, tratando de disimular su pasmo.
- ¡Atención todos! Dijo otro estudiante, el que con aires de genio les reclama miramento. “Observen esta protuberancia, de qué se trata... ¡ tiene forma de cuchara!...”
Había llegado el momento de la venganza, su espiritu vigilante se dio tremenda carcajada y todos espantados cayeron muertos.
Al final, entre tantas historias, la tuve que invitar a cena y cuando se hizo media noche, desapareció frente a mis ojos, solo me dejó su nombre: AnalisA que es una llave que abre la puerta de un mundo puramente fantástico.
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