Talla en el corazón.
Lucía como una hermosa Reina de luminosa y radiante sonrisa, de ojos límpidos y brillantes y de elegante y grácil figura. La sentí inmensamente feliz como nunca antes, despojada, segura y confiada en un mañana promisorio y mágico que estaba a la vuelta de la esquina.
No me era posible apartar la mirada de su rostro sereno que me decía tantas cosas, que me cantaba dulces melodías, que me regalaba imágenes intensas de un pasado cercano y que me hacia viajar a lugares conocidos de memoria, a tiempos continuos y eternos que vivimos juntos.
Avanzamos con lentos y acompasados pasos, emocionado respiré despacio y profundo cuando sentí mi garganta atenazada, parpadeé repetidamente para aclarar la mirada que se empeñaba en tornar borrosa.
Una vida entera viví en la marcha y llegamos al final, quedamos frente a frente, levantaba su cara sonrosada y sonriente y me miraba intensamente.
Con un esfuerzo inmenso esbocé la mejor de mis sonrisas, levanté el fino velo que cubría su bello rostro y le dejé mi mejor beso en esa frente que le conocía de toda la vida.
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