Eras tan niña hermana mía,
Para dejar la casa en que vivimos nuestra infancia.
(La casa de papel y chocolate)
Tu adiós dejó atrás la juventud y las caricias y,
Nos lanzaste al mundo a comenzar a trabajar calor y besos.
Eras tan niña hermana mía,
Que no quise apartar mis manos de tus pensamientos.
Recuerdo aún tus juegos y tus ojos,
Tus manos, tus caricias y tus besos.
Dijiste adiós al sueño de la infancia y,
Al aplaudirlo,
Debo soltar tus pensamientos de mis manos.
Antonio Ordóñez Mallarino ©
1969
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