Mi mundo es tu mundo si voz no hayas donde habitar.
Mi casa es tu casa si una taza de té quieres tu probar.
Ese te de alegría, de inmensa felicidad, el cual guardo en mi alacena, en cuanto yo a ti vea, de su lugar lo voy a sacar.
Lo pondre en la mesa para que al gusto puedas tu tomar, no importa cuanto tomes, siempre sera posible si quieres volver por más.
Una cosa te aviso, a la cocina no debes entrar. Pues se cocina un guiso de amor, el cual aun en su punto no está. Lleva años y años, y el ingrediente especial no he podido encontrar. Le agregue canela, cuando a un princípe yo conocí, despues me decidí por duraznos cuando a otro me encontre, muchas frutas fui añadiendo entre princípes, reyes y plebeyos.
Cuentan que hay una casa donde habita una doncella, come frutas frescas y ricas, más nunca entra a la cocina. Por miedo a que un dia el fuego consuma su receta. Se murmura que prefiere que el guiso se siga guisando solo, y no hace ella por volver a añadir. Fue tanto lo añadido que se sofoca de tanto color y no ver siquiera una pisca de amor.
Se sienta a la mesa, le agradan los viajeros, les sirve de su felicidad, mas niega tener una cocina. Ha pérdido las ganas pues ya no cocina, y día con día dice: prefiero comer cruda la alegría, que tener que volver a preparar amor.
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