La avaricia de unos pocos alimenta la maquinaria del hambre. El tiempo parece repetir con un movimiento cíclico la inconfundible cara del horror. Pero ¿qué es el tiempo sino un recipiente en el cual precipitamos las espadas de nuestra vergüenza?. A nuestros ojos la verdad despierta con punzante dolor. La ilusión del futuro agoniza y nuestro presente no es más que un estandarte ensangrentado. Pero un estandarte que no cae en la muerte del día ni duerme el sueño de la ilusión de antaño, sino que avanza herido y desgastado, pero con la fuerza de los inevitables sucesos de la historia. |