Solo un dedo.
A lo lejos un destello cruza el cielo, formando un aerolito en la nada, se pierde en la inmensidad de la oscuridad más absoluta.
Silencio.
Y una luz blanquecina comienza a devorar los trozos oscuros de la noche junto a las personas situadas en medio de la ciudad. Otro destello. Y una explosión suena aún más cerca, mientras la gente se agolpa en cada pasillo a ver el espectáculo con caras de asombro. Una niña en los brazos de su mama, también está allí.
A lo lejos parece una fiesta, a lo lejos.
De pronto un sonido ensordecedor irrumpe en el lugar y las luces ya están más cercas. La gente comienza a correr de un lado para otro, la madre con su hija se agolpan entre la masa y se dirigen a un lugar más seguro. Ahora las sombras se ciernen sobre el lugar, atentos al próximo estadillo, solo se escucha el sonido de los aviones dejando una estela de muerte a su paso, cerca, muy cerca.
El humo comienza a salir de las casas tapando el cielo de un gris triste y opaco. Y el griterío de la gente como loca corre de un lado para otro. Certero, otro estadillo se deja sentir esta vez impactando de lleno en la capital. La madre toma en sus brazos a su hija y comienzan a correr junto a la multitud por los rincones en medio del caos.
En un descuido la madre pierde de vista a la niña, por la masa enloquecida que corre sin cesar; una mano amiga se ofrece a ayudarla pero es rápidamente abatido por las ráfagas de luces atravesando su cuerpo, cae desplomado quedando atrás en el camino. Cae devorado por los perros.
La niña encuentra un refugio entre unas latas, y tapa con sus manos ambos oídos para no escuchar el grito de las personas, cayendo en la tierra, en el cual podría estar el de su madre.
Mientras el ojo atento mira a través del lente. Sigiloso. Cauto, solo espera el momento.
10...9...8...
El sonido de los tambores se siente más cerca, y los pasos de los soldados yacen por todos lados. Solo unas ráfagas cortas, como luces apareciendo en todas las habitaciones de los alrededores, un grito es devorado por el silencio. Sollozos. Lamentos. Corridas. Y otro destello en el cielo.
Ahora la niña está sola y yace guarecida del frío de la noche. En la desolada ciudad, y los cuerpos tirados en el suelo por doquier lucen quietos, esperando a ser recogidos y lanzados al abismo del olvido.
El hombre de negro acecha cual asesino despiadado, sin dejar de sentir su pulso con una tranquilidad escalofriante, solo mira de vez en cuando. Se deja llevar por el impulso. Sabe que todo se definiría en un abrir y cerrar de ojos. Espera.
7...6...5...
Comienza a amanecer en la desolada ciudad, y los primeros rayos del sol dejan ver el humo que sigue saliendo de las casas; ahora una hilera de gente avanza por la avenida más grande con las manos amarradas. Hombres y mujeres por igual, con sus hijos los suben a los trenes para llevarlos a un lugar del cual no volverán. Padres de sus hijos separados en una escena de dolor, pero aquel que se pronuncie en contra es eliminado con efectividad por algún soldado.
Quizás en estos momentos estaría en su casa junto a su familia, y el calor de ambos padres cobijando su tierna piel. Solo el frío cala sus huesos, y el hambre fatiga sus débiles músculos. Pero solo se tapa los ojos y no desea ver nada. Un cuerpo muy familiar desfila ante sus ojos. Rompe en llanto... Su madre yace muerta desfilando ante sus ojos. Llora.
4...3...2...
Y sale de su escondite, la niña, a tientas, sin saber bien lo que hace. Camina indefensa por las calles producto de la inercia. Vagando y buscando a su madre. Alguien la escucha pero el miedo lo paraliza.
Mientras el ojo sigue observando sin perderse detalle, ya está próximo a su objetivo. Apunta con el dedo en el gatillo, presto a disparar en cualquier momento. Una medalla colgará en su pecho como símbolo de valentía por este acto, como premiando la cobardía.
Sin precipitarse en sus movimientos, espera un poco más.
La niña busca entre medio de una montaña de cadáveres a su madre, pero no logra encontrarla. Mira al cielo buscando alguna explicación para tales escenas, y un destello se ve desde lo alto... La niña mira frente a frente al hombre desde la ventana un edifico aledaño... apuntando con su rifle, y el destello del lente directo a sus ojos. El tiempo se detiene, ya no hay donde escapar...
1...0... ¡DISPARA!
Y la niña cae al suelo lentamente, después del cañonazo. Se desploma con fragilidad, y un silencio sepulcral yace en el lugar. En un charco que crece y crece, de su pecho la flor roja de la sangre abriéndose, entregándose entre sollozos, aferrándose a la mano de su madre, abraza la muerte.
No aguanto más el espectáculo y me aproximo para hacer algo por ella dos. Decidido, me acerco lentamente sin entender bien que provocó que me parara de mi lugar. Miro por un rato más y no vacilo en tenderles mi mano. La indeferencia se apodera del mundo y no desean ver lo que es tan obvio, tapan los ojos a realidades como estas. Ya estoy al lado de ellas y hasta podría tocarlas, pero me cuesta desprenderme de su imagen en mi cabeza, ni yo entiendo el por qué de la situación. Solo un dedo y todo se acaba, solo un dedo podría detener todo esto, pero nadie lo mueve. Ya al lado de ellas las miro por última vez y tomo el aparato negro entre mis manos, solo un dedo pienso dentro de mí. Y un sonido medio familiar se hace escuchar seguido del clic y la oscuridad de la pantalla. Solo un dedo y la guerra se acaba...
“SOLO UN DEDO... Y EL TELEVISOR SE APAGA”
¿FIN?
|