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El viaje en tren

El viaje en tren


“Oh tren explorador de soledades,
cuando vuelves al hangar de Santiago,
a las colmenas del hombre y su cruzado poderío,
duermes tal vez por una noche triste un sueño sin perfume,
sin nieves, sin raíces, sin islas que te esperan en la lluvia.
inmóvil entre anónimos vagones.”
Pablo Neruda 1904 – 1973 (Oda a los trenes del Sur)



Claudia dejó escapar (por descuido) un suspiro mientras miraba por la ventanilla del tren, con su mente en vaya a saber qué recuerdo, cuando la sobresaltó la voz del guarda solicitándole el pasaje.
El hombre, de unos sesenta y algo, sonrió con amabilidad mientras examinaba el mismo y dijo:
-Vas a la ciudad. ¿De visitas o por trabajo? -Y se lo devolvió.
Ella respondió. -Por nada en especial. -Y volvió a sumergirse en el paisaje que se dibujaba en forma abrupta sobre la ventanilla, como violentas pinceladas de un artista desquiciado.
Los matices eran variados así como los trazos, cambiando de un instante a otro, lo que impedía mantener una continuidad anímica. Era violentamente hermoso.
Por momentos, ella intentaba seguir el contorno con su vista; era una costumbre que había adquirido desde muy pequeña cuando acompañaba a su padre en el tractor a hacer sus faenas, pero en esta ocasión aquello le resultaba imposible y se abandonó a los estímulos sin ejercer resistencia alguna.
Habrá estado así algunas horas. Volvió a escapársele un suspiro, quizás, por otro descuido.
Buscó dentro de su bolso un cuadernito de tapas blandas forrado en papel araña, en el que guardaba un trébol de cuatro hojas seco, al que solo ya le quedaban tres, una foto de sus padres y algunas cartas que nunca había enviado. Y abrió una página al azar; tal vez no era tan así, y comenzó a leer en un murmullo casi imperceptible:

“Son las tres de la tarde. Hoy estoy feliz...
...aunque he visto a papá algo preocupado.
Quizás más tarde me diga porqué...”

Si bien se enteró años después, no fué menos doloroso. Tal vez dolor no es la palabra exacta. ¿Desconcierto... pena... algo de ira quizás? Más tarde comprendió, que a veces el amor se hace una costumbre y que se pierde... y sus padres prefirieron acordar la compañía.

Claudia dejó escapar el cuaderno entre sus manos; dudo que esta vez fuera por descuido, y acordó:

“ que el amor, que puede ser costumbre.
...desconcierto, pena, ira...
no se escape por descuido en las violentas pinceladas de los días”.






Texto de steppenwolf agregado el 13-03-2005.
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