MARCELA (7)
EL autobús se detiene. El libro de poemas que hace un rato Magalí Martí oprimía contra su pecho, yacé en el suelo aún sin dedicatoria para Irasema. La voz impersonal del chofer arrebata a la poetisa de su inconsciencia.
- Quince minutos, la escala durará 15 minutos.
Magalí abre los ojos. No tiene idea de cuánto ha dormido y con la somnolencia enredada en la mirada trata de observar a su alrededor: el aspecto de la mujer gorda del asiento continuo presume su profundo sueño con la quijada caída… algunos pasajeros anticipan la salida y se arremolinan en el pasillo entorpeciendo el avance… afuera, un establecimiento, pequeño pero acogedor invita a pedir una soda, un café… Quince minutos, tiempo perfecto para… corregir el poema, escribir la dedicatoria al libro.
Al ver ya el pasillo despejado, Magalí toma su bolso, libro, libreta y sale caminando con esa altivez con la que caminan los escritores aún y cuando no son reconocidos por su entorno. Entra al restaurant y escoge la mesa más apartada, pide un café mientras se frota los ojos para despejarse el cansancio. Toma el libro y escribe. “Con todo cariño para Irasema (renglón aparte) Te doy lo mejor de mí. Mi poesía eres tú. Tu madre que te quiere: Magalí Martí”
La confusión rebota en la mente de Irasema al escuchar esa voz tierna, al ver esa figura espigada, inesperada pero agradable, cuando el frío del exterior le recuerda que su piel se halla expuesta excepcionalmente.
- ¡Hola, qué tal! ¿Me recuerdas? Soy Marcela.
- ¡Claro! Te recuerdo. Permíteme presentarme. Soy Irasema.
¡Pero qué disyuntiva! ¡Marcela! La hermosura que la ha traído con esa inquietud por semanas.. la mujer que la ha llevado a tomar las acciones que nunca antes se había atrevido a realizar, está ahí, en el umbral de su casa, como lo había soñado tantas noches fantaseando que llegaba inesperadamente, ahora se encuentra en el momento más equivocado del mundo.
- Perdóname si soy inoportuna… ¿A punto de bañarte? Por lo que veo.
Irasema hubiera querido despacharla lo más rápido. Su plan no podía, no debía aceptar equívocos. Su madre llegaría en cualquier momento. Pero el embrujo de aquella bella fémina daba inicio ahora mismo… e Irasema se vio invadida por una calidez escalofríante que le conducía la voluntad más inapropiada.
- ¡Oh, no! De ningún modo eres inoportuna! Pasa, adelante.
- ¿Estabas haciendo algo en especial? ¿Te estabas cambiando de ropa? ¿O simplemente te gusta andar así por la casa?
Irasema no pudo contestar. Su atención giraba alrededor de aquel rostro… Detalladamente comenzó a inventariar lo que le resultaba demasiado agradable: El pelo largo que Marcela sabía manejar con estilo en cada movimiento, sus ojos que parecían masajearle la mirada, los labios jugosos, deliciosos como manjares… en fin, una lista larga. Marcela se sabía observada por Irasema. El sonido del tic tac del reloj marcando el inicio o fin de una hora más la despierta de su éxtasis, la inunda el pudor.
- Ah, Marcela, permíteme, vuelvo pronto, me podré algo, no quiero que te sientas incómoda.
- Pues sí, me siento incómoda. Tú, en paños menores y yo con capas de ropa. Pero ahora mismo soluciono eso.
Rápidamente, Marcela se despoja de su blusa… y en otro veloz instante deja caer la falda.
Magalí da diminutos sorbos al café. Repasa el poema anotado en la libreta. El primer poema para su nuevo libro ahora sí, totalmente dedicado a su hija. Torbellino personal. Es el mejor titulo que ha pensado hasta el momento. No quiere cambiarlo.
Bajé por la escalera de tus besos, sendero entrelazado… hacia la unión sublime…
Magalí puede ver cómo un torbellino de recuerdos va creciendo, ve la bañera, ve la casa que por cinco años habitó al lado de su esposo Josefo. Una niña corría por los jardines… su primera y única hija. Irasema. También golpes, golpes y más golpes… la niña llorando escondida dentro de la bañera, Magali viéndose sus mismas piernas, su rostro, primero enrojecidos y al último hinchados y sangrantes…gracias a los golpes, lágrimas, muchas lágrimas…
Corales espontáneos…
El cuadro que se repitió por horas durante días, semanas…meses…. Josefo embrutecido por alcohol y drogas… húmedo de orines acumulados por incontables borracheras.
Luminosos caracoles que nadan en un mar de caricias….
Caricias… era el sueño de Magalí que nunca se cumplió, caricias que engendaran caracoles de luz… pero lo único que fue capaz de ver en realidad fueron sólo caracoles de sombras…
El movimiento la saca de sus locuras, todos vuelven al autobús. En esos momentos ha recorrido muchos meses de su vida en únicamente quince minutos. Se apresura y regresa al autobús para continuar el viaje, no sin antes jurarse a sí misma decirle toda la verdad a Irasema.
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