Muero de vos y tu rostro inacabado
desgajando soledades tras mi puerta.
De tus manos misioneras en mi piel adormecida de mañanas.
Muero de andar desandándote las huellas,
de bordear las andanadas de tu ausencia
y perderme tras tu sombra
De que no mueras por mí
y mis certezas no te ahoguen de silencios. |