Un tiempo a tu lado
El niño entró feliz en el departamento que compartía con su padre. El olor a limpio y encerrado que desprendía el ambiente le entró suavemente por los pulmones del chico haciéndole sentirse en su hogar.
Dejo caer la mochila a un lado del recibidor para luego descalzarse rápidamente dejando tiradas por diferentes lados las zapatillas. Corrió por el resto de la casa hasta llegar frente a una puerta color marrón oscuro.
Tras tocar unos golpecitos tímidos en la misma se dispuso a entrar sin que el ocupante del estudio diera su aprobación
-¡¡Buenas noches, Padre!! -gritó efusivamente colgándose, sin perder tiempo, del cuello del hombre que le miro resignado.
-Ya llegaste, hijo- murmuró mientras desordenaba el escritorio del hombre.
El niño se abrazó al padre tratando de profundizar sus sentimientos antes que este se parara de improviso.
-Debo seguir con esto hijo, ya sabes que es muy importante esta novela
El pequeño asintió sin nada más que decir mientras arrastraba los pies fuera del estudio, siendo observado en todo momento por el padre.
Cuando se halló solo y tras soltar un suspiro cansado volvió a sumergirse en su teclado en un estado de concentración total.
Dejó la frase a medio terminar en la pantalla al sentir el suave sonido de la puerta abrirse. Volvió la mirada hacia la figura del muchacho que parecía un poco nerviosa.
-¿Padre?- llamo el muchacho siendo consciente de que gozaba de toda la atención de su progenitor.
-¿Que?- llamó tranquilo aunque su voz sonara tensa. El niño tomó un respiro, pero aun así continuo
-¿Podría hacerte una pregunta?- El hombre sacó un cigarrillo de la cajetilla mientras con una mano prendía el encendedor. Volvió su atención nuevamente al chico frente a él.
-Si- El niño se acercó al hombre no sin antes quitarle el blanco cilindro de la boca.
-Pero, Papa, el cigarrillo mata lentamente.
-No importa... no tengo prisa.
-Padre!!- llamo un poco enfadado. El hombre dejó de mostrarse travieso para adoptar un mueca molesta.
-¿Eso es todo lo que tenias que decir?- el muchacho negó suavemente- habla que debo seguir con el escrito. –mientras el padre tomó un poco de aire
-¿Cuanto dinero ganas en una hora, Papi?- El hombre le miró atónito ¿qué le había preguntado el niño?
-¿Por que quieres saberlo?
-Solo contesta Papi- pareció tan firme que el escritor saco la cuenta mental. Luego de unos segundos contesto.
-Cerca de 200 dólares- Observó como el muchacho meditaba un poco.
-¿Podrías darme 100?- El hombre se mostró molesto. ¿Le preguntaba cuanto ganaba solo para pedirle dinero?
-¡No! Y ahora sale... que seguiré con la novela.
-Pero Papi... -llamo el niño.
-No niñito, lárgate, me estorbas; ¿no hay nada más interesante que hacer que tratar de sacarme dinero?
El niño se vio afectado por las palabras, por lo cual salió inmediatamente del cuarto con los ojos inundados en lágrimas.
El hombre se sentó frente al PC nuevamente con muy mal humor mientras en la habitación su hijo se tiraba sobre la cama tratando de acallar los sollozos, hasta que finalmente el cansancio hizo presa de su mente cayendo en un sueño profundo.
El escritor caminó por el pasillo hacia la cocina tras terminar algunos capítulos de la novela. Paso por el salón a oscuras percatándose de que ya había caído la noche.
Observo las pertenencias de su hijo por el suelo tomando nota mental de recriminarle luego su falta de orden.
Con pasos relajados saco una cerveza helada mientras se dirigía al sillón dejando la vista de la ciudad envuelta en oscuridad frente a él.
De hecho no le había molestado que se lo pidiera, claro que no; si no le ofendió que le buscara un tema como ese y no le digiera lo que quería de frente.
Bueno tampoco podía negar que para pedirle algo a él debía tenerse tacto, y quizás el niño solo lo había pedido de mala forma.
Sonrió un poco mientras se levantaba del sillón dispuesto a hacer las paces con su retoño y de paso sacarse la duda sobre la pregunta del dinero, de cuanto ganaba en una hora.
Camino ágilmente por el pasillo y toco con calma la puerta.
Pero nadie contesto...
Entró con calma encontrándose con el motivo de que no hubiera respuesta. El niño seguía dormido.
Se encamino a la cama y sentándose silenciosamente despertó al muchacho, quien se sorprendió de verle pero supo ocultarlo desviando la mirada.
El hombre tan solo abrió el cajón de la mesita de noche y le extendió varios billetes al niño.
Este se sorprendió un poco pero aún así lo acepto.
-¿Para que los querías?- preguntó sin poder esconder el matiz curioso de su voz.
El niño no dijo nada mientras buscaba bajo su almohada. Sonrió al extraer un paño donde guardo el dinero, para después extendérselo al hombre.
-Ábrelo- murmuró el hijo ante la imagen atónita de su padre con el pedazo de tela envuelto entre las manos. El escritor procedió a hacerle caso descubriendo en el interior varios billetes y monedas donde pudo calcular unos 100 dólares.
Buscó la mirada infantil tratando de pedir una explicación. El niño solo le sonrió juntando ambos dineros depositándolos en sus manos, completando la suma de 200 dólares.
- Toma, es para ti. Acabo de pagar para tener una hora de tu tiempo, Padre mío.- dijo inocentemente.
El hombre se sintió miserable ante la acción de su hijo. Cerró los ojos por la culpa, pero cuando los volvió a abrir solo pudo sentir la humedad en su mano... sin nadie a su alrededor.
La lección de un simple niño.
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