El Sr. Dictador parece ofuscado. Y se pasea de un lado a otro con ambas brazos tras su espalda, preocupado, sin saber que hacer. Pensando en una manera de torturar con mayor eficacia a los presos, cuando de pronto una luz muy intensa se hace presente en la sala, seguida de tétricos lamentos, parecidos a mil almas en pena. Parado frente a él, un ser lúgubre y misterioso, decirle con voz muy ronca:
- Hola, he venido para aconsejarte: soy tu conciencia.
- Mmmm... Se supone que yo no tengo conciencia. ¿Quien eres? ¿Acaso de la ONU?
- OK. Te diré la verdad: soy el Diablo y he venido a juzgarte...
Silencio. Quedan los dos mirándose por un largo rato sin articular palabra alguna, inmóviles, impávidos, como suspendidos por una fuerza extraña. El Diablo vuelve a romper el silencio.
- Joder, se supone que debes asustarte. Hazme el favor al menos de no herir mis sentimientos, ¿quieres?- Replica este algo enfadado.
- ¿El Diablo? Ja, ja, ja, ja. Claro, saca número y súmate a la fila, cuando vuelva la democracia en los tribunales nos vemos.
- No importa, tengo los mejores abogados. –Pone cara de gozo, y se le hinchan los ojos de manera macabra- ¡Me encantan los abogados! Hacemos trato, ¿vale? Dos de mis mejores asesores por tu alma.
- Tampoco tengo alma. Lo siento- Replica cortante el hombre sacando un cigarro de su bolsillo, lo prende dispersando el humo del tabaco por el aire.
- ¡Joder! Ya nada es como antes. Snif. ¿Que mierda le pasa a la humanidad hoy en día? Antes la gente me tenía respeto al menos, ¡hasta salgo en relatos baratos como personaje carituresco!
- Así es el libre mercado, amigo. Pero no te deprimas que hay mucho inocente que condenar, algo se te ocurrirá.
- Esta bien. Pero dime, ¿a qué te dedicas en los tiempos libres?
- Lo de siempre. Tráfico de armas, corrupción, inflación, hambrunas, pestes, persecuciones, torturas. Nada especial.
- Ya veo, parece entretenido. ¿Me dejas torturar un ratito? Anda, no seas egoísta, un curita al menos.
- Déjame ver, parece que tenía uno por aquí. –Mostrándole la larga fila de detenidos prontos a la tortura vespertina- Ya está, este por ejemplo, lo pillamos robando unas naranjas en un almacén. Fue demandado y obligado a pagar 1 peseta por cada naranja robada y 2000 euros por perjuicios a la moral.
- Jolín, interesante sistema. Te esmeras en tu trabajo, ¿verdad?- Exclama frotándose las manos con malicia.
- No te creas, ser dictador no es tan fácil como todos los demócratas piensan. Ves tantas muertes que la rutina te stresa, se vuelve monótona, así que debes matar otros tipos de vidas en lo posible. Así canalizas tus energías y las enfocas sacando afuera tus malas vibras. Eso al menos me dijo el psicólogo.
- Es verdad. - Admite, llevándose una mano debajo del mentón, de manera que juega con su larga barba. Y se vuelve al dictador pensativo- Hoy en día la competencia es dura, siempre hay que estar innovando, quizás ya estoy muy viejo y deba jubilar, pero el seguro no cubre casos como el mío, por lo que me descontaría el 50 % del total de mi sueldo.
- ¿Y cuanto debes esperar a retirarte?
- Por lo menos hasta que 5000 protestantes entren al cielo y 5000 católicos den una limosna de buena fe. Gano comisión por ello, pero cuando firmé el trato con Dios, no alcance a ver la letra chica.
- Esta bien difícil. Pero no te ves viejo, de hecho, no tienes cuernos, cola o tridente. ¡Y hasta tienes acento español!
- Si, verdad, majo. La mayoría de las películas de terror vienen traducidas con este acento. Le da un toque especial, asusta, ¿no?
Silencio.
- ¿La verdad o seguimos siendo amigos?
- OK. Si sé que soy un fracasado- Con la cabeza sobre el hombro del dictador, se larga a llorar- El infierno ya casi ni arde por el alza del petróleo, los cuernos me salieron hace poco porque me engañaron y la reencarnación es un puerta giratoria oxidada. ¡Que desastre! ¡ Los humanos me han superado! ¡Lo admito!
- ¡Epa! Nada de lagrimones, sea hombrecito, vamos no te deprimas Diablito, venga, no llores. Te explicare como torturo a la gente a ver si te sientes mejor.
- ¡Snif! OK, debo estar en mis días rojos. ¡Snif!
- A ver. Este cristiano tiene una pierna quebrada, partida en dos partes- Tomando la pierna de uno de los detenidos, le provoca un grito de dolor que le parte el alma al Diablo- ¿Ves? Resulta que cuando llegó al campo de concentración, tenía la cabeza rota por un culatazo que le había propinado un subalterno.
- ¡Ostias! ¿Y que hiciste?
- ¡Ahí decidí quebrarle la pierna! Y ya no se queja del dolor en su cabeza. ¿Quieres probar?- Le dice ofreciéndole la pierna del detenido.
- Imagino que eras de esos que quemabas a las hormigas con una lupa de aumento.
- Para ser más exacto, les ponía un petardo en el hormiguero, no sin antes rociar el suelo con alcohol de quemar y les prendía fuego. Era un verdadero estratega, entonces decidí ser dictador. Era lo mío.
- ¡Claro! ¿Y ya probaste algunas nuevas técnicas?
- Vaya, para eso tengo un verdadero equipo de asesores que piensan en ello. Mira, aquí tiene un escrito con una lista de posibles nuevas técnicas- Acota, facilitándole una especie de lista con escritos.
- Mmmm- Parece agradarle la idea y hasta se pone a leer entusiasta- Interesante. Me gusta esta idea de sacarle la piel con un corta uñas y luego arrojarlo a una piscina repleta con jugo de limón. O esta de sacarle el corazón con una cuchara, es vieja, pero sabrosa. ¿Y que hay de la tortura mental?
- ¿Te refieres a que escuchen La Oreja de Van Gogh y David Bisbal? ¿O a decirles que su amante fingía cuando hacían el amor?
- Yo voy más allá. Se trata de una Web de relatos, creo que se llama “www.loscuentos.net”
- ¡Vaya! Serán relatos de terror. No lo haces nada mal, ¿eh, Diablito?
- Más bien el tedio que les provoca escuchar este tipo de cosas los lleva a la locura, en el infierno practicamos esto, ¡ y vaya que si da resultados!
- Comprendo. ¿Y no tienes uno por ahí que me dejes para torturar a destajo sus mentes?
- Toma, aquí tienes uno que me llama la atención en especial. Léelo, y después me das una respuesta.. Al ver tanta maldad en el mundo han vuelto a mí las esperanzas, quizás no todo esta perdido. Ahora debo atender unos asuntos en el infierno con un tal Franco, oí que quiere hacerme un golpe de estado. ¡Pero ya vera quien es el Diablo!
- OK. ¡Nos vemos en el infierno! Un gustazo Diablito.
- Ja, ja, ja, ja, ja. Te estaré esperando junto a todo tu gabinete.
Dicho esto el Diablo desaparece dejando completamente solo al dictador. Este toma el pedazo de papel y comienza leerlo, como una mueca de terror se le va formando en el semblante, no lo puede creer.
- Ahora resulta que somos famosos virtuales, ¡ay de aquellos que han leído los relatos de este autor, pobrecitos! Ja, ja, ja, ja.
Suelta una risotada ante las caras atónitas de los detenidos. Cuando el hombre comienza a leerles y los gritos de terror por el aburrimiento salen de sus despavoridas bocas, gritar.
- El autor... un tal “maestrodelasmarionetas”. Y dice así...
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