No hay nadie en casa, pero puedo mirar como se esconde, o tal vez sea el viento que pasa y mueve las cortinas.
¡Nada! No puedo dejar nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente de la mía. Es difícil de creer, ¡ Cuándo voy a pensar! Repiquetea el teléfono, contesto y me pregunta: ¿Qué vas a hacer? me sobrepongo y tranquila le digo, desbaratando el nudo de mi garganta: respondo a mis correos. La verdad es esa, sólo que le contesto a mi amante.
|